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Flora y fauna

Gigantesca diversidad biológica

Fitogeografía

La Fitogeografía (Geografía Botánica) estudia la distribución de las plantas sobre la tierra, enuncia las leyes que la determinan, analiza los factores que inciden sobre la misma, y las relaciones de las plantas entre sí y con el medio en que viven. La flora describe las distintas especies existentes, atendiendo a sus características particulares y no a la proporción de individuos de cada especie.

Los vegetales necesitan condiciones particulares de vida, creadas por una serie de factores entre los que asumen especial importancia el clima y las condiciones del suelo.

Factores climáticos

Los factores climáticos fundamentales son el agua, la temperatura, la humedad, la luz y el aire.

El agua es un elemento esencial para la vida de las plantas y, según su consumo, los vegetales se clasifican en xerófitos e higrófitos. Los primeros resisten situaciones ambientales muy secas porque desarrollan defensas para combatir la falta de humedad; tienen hojas muy pequeñas y duras, a veces con espinas, y sus raíces son largas, lo que les permite penetrar profundamente en la tierra y acumular la humedad existente en la misma.

Las plantas higrófitas prosperan en ambientes húmedos, tienen hojas grandes, raíces pequeñas y superficiales, ya que la humedad necesaria se encuentra casi a ras de tierra. Un tercer tipo lo constituyen las denominadas plantas hidrófitas, que viven directamente en el agua.

La temperatura tiene también un valor decisivo en el desarrollo de la vegetación, puesto que las plantas sólo pueden vivir a determinadas temperaturas: por encima o por debajo de esos índices, mueren. Existen, sin embargo, especies que sólo sobreviven con temperaturas altas, en climas muy cálidos; son las plantas denominadas termófitas.

La luz es un elemento indispensable para la fotosíntesis, el proceso por el cual se alimentan los vegetales en general. Se realiza por la existencia de una substancia, la clorofila, que además de otorgarles la coloración verde característica, posibilita la síntesis de elementos orgánicos a partir del anhídrido carbónico, del agua y del aire.

Si bien la luz es fundamental para este proceso, no todas las plantas tienen la misma necesidad de luminosidad, hallándose incluso especies a las que perjudica la luz brillante. Son las denominadas ombrófílas, que por lo general, como los helechos, rodean los troncos de los árboles en las zonas selváticas. Existen especies que viven directamente bajo los rayos del sol, evitando la sombra de los árboles, a las que se denomina plantas heliófitas.

El aire es también necesario para el proceso de fotosíntesis, ya que suministra anhídrido carbónico para la alimentación. Con el viento, permite a su vez la distribución de los granos de polen, que posibilitan la reproducción de las plantas y su paulatino desplazamiento hacia otras zonas.

Aunque las plantas extraen el oxígeno, el hidrógeno y el carbono del agua y del aire, necesitan de otros elementos para su desarrollo: nitrógeno, calcio, fósforo, potasio, azufre, magnesio. Estos elementos son obtenidos del suelo, en el que se hallan bajo la forma de sales o iones.

Formas biológicas vegetales

Arbustiformes son plantas leñosas pero se ramifican desde la base, adoptando distintas formas. Se presentan arbustos rastreros, epífitos, que crecen sobre otras plantas pero sin nutrirse de ellas, o parásitos, que se alimentan exclusivamente de otros vegetales.

Las hierbas no presentan los troncos leñosos y pueden ser terrestres, cuando crecen sobre la tierra seca; heliófilas, cuando crecen en terrenos inundables. Las hidrófitas viven sumergidas en el agua o flotan sobre la superficie de la misma.

Tipos de vegetación

El hombre común distingue en general las formas de las plantas por su tamaño, color, etcétera, y reconoce de este modo los árboles, los arbustos, las hierbas y las flores. La ciencia precisa correctamente esas diferencias tomando en cuenta los rasgos más representativos de las especies. En general, los criterios utilizados se refieren a la duración de una planta, a su tamaño, a la forma de sus hojas, a sus modos de reproducción.

Así, tenemos que las arboriformes son plantas leñosas, cuyos troncos se ramifican a cierta altura, como los árboles, o son muy simples y sin ramificaciones como las palmeras, pudiendo también carecer de hojas como las cactáceas.

Las formas biológicas (árboles, arbustos, etcétera) se agrupan cubriendo determinadas zonas, con predominio de uno u otro tipo de vegetación. Estas zonas se denominan formaciones vegetales.

En las mismas puede predominar una u otra forma vegetativa, constituyendo diversos tipos de formaciones.

En las selvas predominan los árboles de elevada altura, que no permiten el paso del sol, rodeados y entrelazados por lianas y epífitas. La vegetación media es asimismo tupida y se compone de arbustos y helechos. Sobre el suelo, en general húmedo, crecen abundantes hongos y musgo.

El bosque está formado por árboles de mediana altura y el paisaje no es tan enmarañado, ya que las lianas o epífitas son escasas o no existen. A diferencia de la selva, la vegetación despareja permite el paso de abundante luz en los claros, habitados por heliofilas y flores.

En las formaciones de vegetación mixta pueden mencionarse las selvas galería, formadas principalmente por arboles muy altos, enmarañados de lianas y enredaderas, con una disposición similar a la de la selva, la diferencia radica en la que se alinean a lo largo de los bordes de los ríos, formando una estrecha franja de hasta 200 metros, favorecida por el microclima interior. Generalmente, se trata de prolongaciones de una selva septentrional que se define en la dirección de un curso de agua.

El monte esta formado por arboles de pequeña altura y arbustos. Frecuentemente, las especies son espinosas, siendo común este tipo de formación en el norte de la provincia de Santa Fe y en el Chaco.

Los pajonales son formaciones que cubren los pantanos o zonas húmedas, generalmente aledañas a aguas estancadas. Están formadas por hierbas altas, robustas, que constituyen los llamados malezales.

Los juncales se forman en bancos de arena y orillas bajas, y los camalotales forman isletas verdes que flotan libremente cerca de las márgenes de los ríos hasta acumularse sobre las mismas, constituyendo, a veces, un obstáculo para la navegación.

Territorios fitogeográficos

Del mismo modo que las formas biológicas se agrupan de acuerdo con afinidades de clima y suelo, también se combinan entre sí sobre superficies muy grandes de terreno, constituyendo las regiones fitogeográficas de la tierra.

Las regiones presentan asimismo matices o diferencias internas que las subdividen en dominios, a estos a su vez en provincias y a las últimas en Distritos. De acuerdo con esta división, nuestro país forma parte, en su mayor extensión, de la llamada Región Neotropical.

El río Paraná se encuentra inscripto en su totalidad en la Región Neotropical, aunque por su larga extensión, recorre distintos Dominios, Provincias y Distritos. Como se aprecia, el río Paraná recorre tres distritos: el de las Selvas Mixtas, que corresponde al sector del Paraná Superior y al Paraná Medio, hasta la ciudad de Paraná aproximadamente. Al sur de las provincias de Santa Fe y Entre Ríos se ubica el Distrito del Algarrobo, ahora dentro del Dominio Chaqueño, que continúa hacia el Sur y se entremezcla con la vegetación de la Provincia Pampeana en el Distrito Uruguayense.

Provincia paranaense

Distrito de las selvas mixtas

Ocupa toda la provincia de Misiones y desciende en forma de selva en galería por Chaco, Corrientes, Santa Fe y Entre Ríos sobre las riberas del Paraná, conformando una franja estrecha que bordea el curso de las aguas.

La selva es alta, impenetrable, con árboles corpulentos y bambúceas tupidas que crean un techo natural bajo el que habitan helechos, lianas y enredaderas en forma intrincada.

El suelo es muy rojo debido a la riqueza en hierro que contiene, y está cubierto permanentemente por una espesa capa donde se confunden las hojas caídas de los árboles con hongos y líquenes. La vegetación es tan cerrada que vista desde las aguas del Paraná parece una alta frontera de verdes combinados, oscura y misteriosa. Aún en la actualidad es difícil atravesar la selva en Misiones, ya que el paso del hombre se encuentra con dos obstáculos mayores: los grandes y pequeños animales, y la vegetación que vuelve a renacer constantemente en forma violenta y exuberante. Dentro de la selva son tan peligrosos el tigre como algunas clases de hormigas carnívoras; la vegetación, por su parte, es también indómita: las picadas abiertas por el hombre para trasladarse, se cubren en poco tiempo de nuevos follajes, desapareciendo los espacios abiertos.

Pueden diferenciarse tres estratos arbóreos: uno de árboles altos, un segundo constituido por arbustos, bambúceas y hierbas, y un tercer estrato de helechos, hongos y plantas rastreras.

El primer estrato está formado por gigantes de 30 a 40 metros de altura: el lapacho negro, tecomaipe, que se cubre en primavera de flores rosadas, de madera durísima, casi imputrescible. Los dinteles aún existentes en las ruinas jesuíticas de San Ignacio fueron hecho» con esta madera, El ibirá-pitá o caña fistola se destaca nítidamente, sobre todo a fines del verano, a! cubrirse de vistosas flores amarillas.

En el segundo estrato se encuentren los árboles de mediana altura, entre los que pueden citarse los laureles negro y amarillo, los rabo de bugio y de molle, el alecrín, los angico o anchico colorado y blanco, el ibirá-porá, el guatambú blanco, cuya durísima madera es muy utilizada en mueblería, e! cedro misionero, el incienso, el timbó, si sotacaballo, el loro negro y blanco, el sangre de Drago, notable por presentar en toda estación un buen número de hojas amarillas rojizas, el inga dulce y amargo, etcétera.

Bajo los árboles, se desarrollan con frecuencia grandes cañaverales de bambúceas como el tacuaruzú o tacuara grande, que forman una barrera continua, con altos penachos verdes de más de 20 metros, que florece y fructifica una sola vez y muere. Otras banibúceas y rastreras son la picanilla, la tacuara brava, el tacuarembó, la pitingá.

El ombú, difícil de reconocer por tener troncos altos, cilíndricos, esbeltos y muy diferentes a los que se observan en las riberas del colector en el dominio fitogeográfico chaqueño, tiene en esta área misionera su patria de origen.

Las comunidades características del distrito de las selvas mixtas, en su conjunto, son: selvas de laurel y guatambú; selvas de laurel, guatambú y palo rosa, selvas de laurel, guatambú y pino, que constituyen una variante de las anteriores, selvas de urunday. Suelen aparecer asimismo el palmito, palmera de cogollos comestibles muy sabrosos y. apreciados.

Entrelazándose con los árboles, crecen lianas y enredaderas, algunas de ellas muy resistentes como la «escalera de mono» o la isipó-hú, llamada comúnmente liana de agua, por su tallo lleno de un líquido acuoso y transparente, semejante al agua. Estas lianas son fuertes y se enroscan tan firmemente alrededor de los troncos, que sólo cuando cae alguno de estos árboles es posible despegarlas de las cortezas a las que están adheridas.

Sobre el suelo rojizo, convertido en un perpetuo colchón de hojas secas y elementos orgánicos de todo tipo, crecen abigarrados, unidos en matas de un verde muy brillante, helechos arborescentes de diversas características.

El más difundido es el Alsophita atrovirena, de hojas enruladas y casi cinco metros de altura. Entre los abundantes helechos crecen musgos, líquenes y numerosas orquídeas de sutil colorido.

La yerba mate también crece, en manchones, en el interior de la selva, donde se desparramaba anteriormente en forma natural en lugares con cierto grado de sombra y en suelos suficientemente húmedos y humíferos, pero actualmente sólo se la encuentra explotada bajo cultivo. Estos últimos, por su parle, han sufrido una considerable reducción en los últimos cinco años.

En los sitios desmontados, denominados capueras, la acción del hombre ha desalojado la vegetación autóctona, implantando otras comunidades como el fumo bravo y otras especies arbustivas.

Dominio Chaqueño – Provincia del Espinal

Distrito del Algarrobo

La Provincia del Espinal ocupa una amplia franja de la vegetación chaqueña, prolongándose a lo largo de las barrancas del Paraná y por los bancos de la costa bonaerense.

El Paraná recorre solamente un distrito de la Provincia del Espinal: e¡emplo del Algarrobo, que ocupa varias provincias argentinas. En sus especies de algarrobo blanco o algarrobo negro, es la comunidad mayoritaria, aunque también se presenta mezclado con el tala y el chañar, entre otros. Todos estos árboles aparecen sobre las márgenes del Paraná en las últimas estribaciones de las selvas mixtas.

A esta altura, el río ha perdido el paisaje enmarañado de la selva en forma casi total. La exuberancia deja paso a orillas amarillentas de arena, cuya única y exclusiva flora la constituyen algunos árboles aislados.

Provincia Pampeana

Distrito uruguayense

La provincia Pampeana cubre una extensa zona de nuestro país, constituida, por llanuras horizontales donde se asienta la riqueza agropecuaria y cerealera de la Argentina. Esta provincia está dividida en varios distritos, uno de los cuales corresponde a las riberas e islas del Paraná Inferior: el distrito Uruguayense. Al mismo se incorporan el Sur de las provincias de Entre Ríos y Santa Fe y el delta del río Paraná.

Flechillas, gramíneas y pastos son las especies más importantes, encontrándose asimismo comunidades vegetales) como en las selvas marginales sobre las orillas del Paraná. Estas selvas son muy parecidas a las que aparecen en la provincia Paranaense, pero notablemente empobrecidas, predominando los laureles, el blanquillo y el lecherón. Las selvas siempre cubiertas de lianas y enredaderas son muy comunes en las orillas y en los albardones de las islas del delta. La provincia del Espinal se prolonga también hacia el Sur, formando bosques xerófitos, sobre las riberas del Paraná, con predominio del algarrobo, el ceibo, el ombú y el sauce.

El delta del río Paraná

La vegetación de las orillas del delta está inscripta en el denominado Distrito Uruguayense pero presenta algunas particularidades. El criterio de A. Burkart sobre la delimitación geográfica del delta -que se encuentra en discusión- establece tres sectores:

Delta inferior: Corresponde al tramo final, desde Ibicuy hasta la desembocadura del río Uruguay y el Río de la Plata. Está compuesto por islas y brazos en abanico.

Delta medio: Comprende a islas que se extienden desde Villa Constitución -donde se divide el Río de las Palmas- hasta Ibicuy.

Delta superior: Es el sector comprendido entre Diamante y Villa Constitución, lugar donde el Paraná Pavón se separa del Paraná.

Desde la ciudad de Diamante hacia el Sur, el río invierte su fisonomía: las costas del Este son altas, de pronunciadas barrancas, mientras que las que corresponden a la provincia de Entre Ríos son muy bajas y anegadizas, presentando el río, en este tramo terminal, una sucesión de pequeñas y grandes islas, destacándose entre estas últimas las Lechiguanas.

Las islas del Paraná tienen la forma de una palangana irregular, con márgenes altas y boscosas. El interior es pantanoso, con aguas estancadas y cubiertas de pajonales. En el Delta Superior, las islas son más planas, surcadas de madrejones, lagunas y médanos que se suceden en una línea paralela al río.

En toda la zona del delta del Paraná lo dominante -con su secuela de problemas para los habitantes- son las continuas crecientes que arrastran periódicamente la vegetación. Estos frecuentes y violentos cambios en el régimen de las aguas modifican constantemente la dimensión de las islas y de los riachos interiores. Por ese motivo, los isleños viven en permanente tensión por el nivel de las aguas, que hace peligrar sus cultivos.

Las comunidades naturales del delta están integradas por especies de diversos tipos, siendo lo particular y predominante la vegetación tanto hidrófita como higrófita. Se encuentran asimismo especies acuáticas diversas: radicantes, flotantes y palustres, y comunidades terrestres que forman campos y praderas en los interiores húmedos de las islas.

Entre las especies radicantes, las más llamativas son los juncales, que aparecen en bancos y orillas bajas.

El camalote Eichonia azurea, de largos tallos flotantes y flores violáceo oscuro, y el Crassioes, de hojas con pecíolos hinchados y rosetas, son dos de las especies más originales en la vegetación flotante.

Mezcladas con los camalotales, se encuentran otras clases de plantas flotantes, algunas de las cuales forman verdaderas praderas, con apariencia de naturales, en el interior de las islas. Algunas de estas especies, como la Caroliniana, entrelazan sus tallos verdes y delgados formando un tapiz intrincado que dificulta muchas veces el paso de quien intenta atravesar dichas zonas.

Junto a estas especies acuáticas aparecen en algunos arroyos interiores, ciertas ninfáceas, como el irupé o maíz del agua, que cubre en forma completa lagunas enteras, en las que son visibles sus llamativas flores de color blanco rosado.

Entre las comunidades de tipo palustre, las más características son los pajonales, que ocupan el centro de las islas. Los pajonales son conformados por hierbas mixtas a veces de relativa altura, provistas de hojas punzantes que constituyen una barrera difícil de superar. La más conocida de todas es la totora, pudiendo mencionarse asimismo la espadaña y la carda, ésta última una hierba robusta. En el delta entrerriano es muy común el pirí, parecido al papiro egipcio, generalmente asociado al pajonal en las lagunas cerradas.

El suelo firme de las islas y las periódicas inundaciones determinan la carencia de árboles en algunas islas. Entre los arbustos, la especie más conocida es el glaucum, utilizado en la construcción de techos de casas y ranchos. Esta clase de varilla es, sin embargo, sumamente peligrosa para los animales, ya que sus frutos pueden causar la muerte del ganado al ser ingeridos.

Las especies leñosas de mayor tamaño se presentan asimismo en forma de matorrales, encontrándose formaciones de sarandí, espinillos, talas, sauces, alisos, timbó, lecherón y ceibos.

Los árboles se agrupan también en forma de bosques fluviales, siendo los más comunes los de ceibos, lecherones y laureles, sumándose ocasionalmente el timbó, todos ellos entrelazados con lianas y enredaderas.

Flora del río Paraná

Desde Misiones hacia el Sur asoman al río Paraná las especies vegetales quizás más importantes de nuestro país, no sólo por la belleza de sus follajes sino, fundamentalmente, por la riqueza de las maderas, que permiten variados usos industriales. Prácticamente, todas las especies de árboles de la selva misionera tienen una madera excelente, y ese patrimonio forestal ha determinado la instalación de importantes aserraderos e industrias derivadas.

El lapacho es una especie habitual en la selva misionera, donde se lo distingue del resto de la vegetación por su altura elevada, que puede alcanzar los 40 metros. Introducido en el agua, se petrifica con el correr del tiempo, por lo que se lo prefiere para la construcción de puentes, muelles y obras que estén expuestas constantemente al contacto con el agua. Otro de los árboles de gran altura es el ibirá-pitá o cafia fistola, también denominado palo colorado.

El urunday es un árbol corpulento, de madera muy dura, que aparece en las selvas ribereñas de Misiones, y, fundamentalmente, en el Chaco oriental. Su tronco puede llegar a tener un diámetro de 1.30 m.

El quebracho presenta dos especies: el blanco y el colorado. El elevado porcentaje de tanino que contiene lo hizo objeto de una irracional explotación, que determinó su exterminación casi absoluta en el Chaco y norte de la provincia de Santa «Fe, donde se constituyó en el árbol típico. Puede alcanzar una altura de 25 metros y por la dureza de su madera se lo utiliza para postes, durmientes de ferrocarril, etcétera.

Los laureles aparecen aislados o agrupados en bosquecillos, junto a otros árboles. Las distintas especies de laurel —negro, amarillo, entre ellas— no alcanzan demasiada altura, llegando a los 20 metros. Tienen los troncos lisos, con ramas levantadas cubiertas de hojas persistentes y aromáticas. Estas son verdes, oscuras y lustrosas por un lado y pálidas por el otro. Muchos de estos árboles fueron utilizados hábilmente por los indígenas, quienes usaron las especies de madera blanda para la construcción de sus embarcaciones o piraguas. Una de esas especies, el timbó -a la que los indios denominaban tímboí-, alcanza mediana altura, presentando un follaje fino y amplia copa. La especie colorada es propia de las islas del delta, pero el timbó blanco se difunde sobre todo en el Chaco, en toda la galería paranaense y también en el Brasil, asociándose a veces con el ceibo, el lecherón y el laurel.

El lecherón se encuentra a lo largo de todo el río Paraná, creciendo en sus orillas y aun entre los pajonales interiores, siendo una presencia constante en el Delta Inferior. Es de copa ancha y amplia pero de poca sombra. Su altura media no excede por lo general los seis metros; su madera contiene un abundante látex viscoso, con cierta proporción de caucho. Por ese motivo se intentó en los años de la Segunda Guerra Mundial su explotación a nivel industrial, no prosperando el proyecto.

Ciertas cualidades medicinales son asignadas también a algunos árboles, como el inga, cuyo fruto contiene una resina blanca. Este es un árbol característico de las galerías paranaenses, coposo, de madera poco utilizada por estar revestida de una corteza blanca y blanda. Su corteza y sus raíces contienen elevada cantidad de tanino y sus frutos, mezclados con negro de humo, eran utilizados para marcar, o empleados en tintura.

El guayacán, un árbol parecido al nogal, presenta una madera oscura y veteada que se utiliza especialmente para trabajos de carpintería y tornería. Sus hojas son pequeñas y redondeadas, y sus frutos se presentan en vainas, parecidas en su forma a una mariposa. De las mencionadas vainas se extrae tinta, y la creencia popular afirma que al caer al suelo reproducen la simiente del árbol.

El algarrobo es la especie dominante en las barrancas y en las costas del Sur de Entre Ríos y de la provincia de Santa Fe, apareciendo aislado en orillas desiertas, con sus ramas muy torcidas y hojas menudas y compuestas. El algarrobo produce unos frutos en forma de vaina, en cuyo interior se encuentra una pulpa azucarada con seis o siete semillas.

La madera, en el algarrobo negro, es de color rojizo oscuro, de consistencia dura y resinosa. El algarrobo blanco es de menor altura, resultando muy útil en tiempos de sequía, ya que sus hojas constituyen un excelente forraje para el ganado. Sus frutos son parecidos a los de la otra variedad, la negra, que es la más difundida en esta región. De dichos frutos, anchos y carnosos, se obtiene la famosa chicha o aloja, y el patai, de gran valor alimenticio, consistente en una pasta de sabor agradable realizada con la harina de la algarroba.

Una hierba gigante, reconocida generalmente como genuina de la región pampeana, tiene su lugar de origen en la región del Alto Paraná: el ombú, aunque irreconocible por sus troncos altos y esbeltos, que se suman a la vorágine vegetal de toda la ribera selvática del

En el Distrito Uruguayense, los dos árboles característicos son el sauce y el ceibo. El primero aparece en comunidades a lo largo de las costas e islas. La especie más difundida es el sauce criollo, que se difunde desde Corrientes hasta el delta, llegando a los 15 metros de altura, con un follaje fino y claro. Se asocia con otros árboles y también con arbustos y hierbas, pero, en general, no soporta muchas enredaderas y epífitas. En cambio, algunos líquenes y la hermosa flor de la pasionaria o mburucuyá se adhieren a su tronco.

El ceibo es el árbol más difundido del delta del Paraná, excepto donde existen aguas salobres. Es alto y corpulento, y cuando su tronco es hachado, vuelve a florecer como un pequeño arbusto. En noviembre y diciembre se cubre de flores rojo vivo, que encienden con su color las islas.

Los ceibales fueron muy castigados en la zona del Delta Inferior, donde se los ha ido reemplazando paulatinamente por otras comunidades forestales. El aromito, también denominado acacia, se desarrolla en general en terrenos arenosos o en bajíos que el río inunda con facilidad, donde convive con especies absolutamente hidrófitas, en amplia tolerancia. Se trata de un árbol pequeño, de hojas menudas, con ramas que se agrupan de mayor a menor, cubiertas de fuertes espinas. Sus flores de color naranja se aclaran con el tiempo, manteniendo la forma de estrella que las caracteriza.

Algunas mimosoideas, enroscadas a los árboles en forma de asociación vegetal, son comunes en las galerías paranaenses.

Entre la vegetación siempre alta y compacta de la selva y aún en la riberas de las islas, sobresalen los esbeltos tallos de las palmeras. Una de ellas, el pindó, aparece escasamente en la actualidad, pero su difusión fue notoria, en forma de extensas comunidades, en toda la extensión del Paraná.

El llamado palo yerba o ílex paraguayensis aparece en el distrito de las selvas mixtas en forma exclusiva y natural. Sin embargo, las matas de yerba mate que se encuentran actualmente en Misiones, son producto del cultivo especial del hombre, ya que las formaciones naturales fueron devastadas con fines comerciales.

La yerba mate era ya conocida por los indígenas, quienes la hicieron conocer a los conquistadores. Los jesuítas fueron los primeros en organizar su cultivo en gran escala, y hasta la mitad del siglo pasado aún era posible encontrar vestigios de aquellas primitivas plantaciones en tierras misioneras.

El sacerdote jesuita, el padre Segismundo Aperger, atribuía a la yerba mate propiedades nocivas, ya que -opinaba-, «provoca ansiedades a! corazón, falta de sueño y desabrimiento de los miembros principales causando movimientos de lujuria y de cólera, y de melancolía». Reconocía, en cambio, que «sus hojas verdes machacadas arraigan los dientes y muelas que se mueven…»

Otros, sin embargo,  tomando el testimonio directo de los indios, la recomendaban para la diarrea, las quebraduras y las insolaciones. Esos dones supuestamente medicinales han dado paso, en la actualidad, a otras virtudes igualmente importantes para el hombre común: la de ser una bebida barata y la más tonificante de todas las infusiones conocidas.

Entre las especies menores en tamaño, lianas y enredaderas comunes en el Paraná, la más hermosa y de mayor simbología es, sin duda, la pasionaria o flor del mburucuyá.

Entre otras enredaderas de la zona pueden mencionarse la llamada «dama de la  noche», que sólo abre sus flores, muy hermosas, después de la caída de la tarde; la zarzaparrilla, que crece sobre los bordes del río, y tiene también su leyenda, que afirma que la bondad de las aguas del Paraná ¡se debe, precisamente, a su influencia, ya que las raíces y ramas, al penetrar en las agua, actúan a modo de remedio contra los organismos extraños y nocivos que contienen las mismas.

Zoogeografía

La zoogeografía estudia la distribución de los animales sobre la tierra, que se realiza naturalmente de acuerdo con particulares condiciones de clima, relieve y vegetación. La fauna se ocupa de la descripción de las diversas especies. La tierra queda de este modo dividida en regiones con similares condiciones climáticas, de flora y de orografía. Estas regiones, a su vez, se subdividen en sectores más pequeños, subregiones, que a su vez se dividen en distritos y éstos en subdistritos.

De acuerdo con esta caracterización, el río Paraná se encuentra ubicado, como todo nuestro país, en la Región Neotropical. De ella, la parte correspondiente al Paraná Superior se halla a su vez incluida en la Subregión Guayano-Brasilera, comprendiendo al distrito subtropical la parte correspondiente al subdistrito misionero. La parte que corresponde al Paraná Medio e Inferior está ubicada en la subregión patagónica, integrando el distrito pampásico, en el sector que corresponde al subdistrito ribereño deltaico.

Subdistrito misionero

Esta región se desarrolla en la exuberancia de las selvas que bordean al Paraná, zona que en el pasado acogía una fauna salvaje muy variada, en vías de desaparición en la actualidad por cacerías indiscriminadas.

En el distrito mencionado, dentro del orden de los mamíferos, se encuentran la comadreja overa, abundante en los ambientes arbolados; la comadreja colorada, de gruesa cola; la zarigüeya, pequeña, de cola corta, y comadrejitas enanas, del género de las marmotas, comadrejas de agua, la denominada guatica o nadadora y la cuica, con cola de ratón.

Esta es una región rica en murciélagos, pudiendo mencionarse al artibe o de pies juntos, al vampiro mordedor, los murciélagos oreja de ratón, con orejas y boca muy grande.

En el orden de los carnívoros se cuentan diversas especies: los zorros del monte, los ositos lavadores, los coatíes de rostros alargados y movimientos rápidos; el hurón mayor, de aspecto sanguinario; el lobito de río y el lobito de cola ancha.

Entre los felinos, en lugares muy arbolados, se encuentran el gato pintado, el yaguarundí, conocido como eirá o gato moro, el puma ocelote, el gato tigre, y el jaguar, conocido por los criollos como yaguareté. En la zona de pajonales puede hallarse el denominado gato pajero.

Existe gran variedad de roedores: la ardilla gris, el hocicudo, el puca o guardatinajos, el tapetí o conejo del Brasil, el cuis, el quiyá o nutria criolla.

Del orden de los cérvidos, pueden mencionarse a las corzuelas, de cuernos sin ramificar y hermoso pelaje claro, la corzuela guazú-birá o guazú-pitá y la mbororó ó corzuela enana.

Dentro de los primates se hallan el caí común, el caí oscuro y un mono muy común en la zona del chaco santafesino, el carayá o mono aullador, conocido sobre todo por su penetrante grito.

En e! orden de los edentados se cuentan los dos tipos de osos hormigueros de la región: el llamado bandera y el melero, que combina su alimentación frutal con miel silvestre. En el mismo orden se hallan el quirquincho bola o mataco, el tatú carreta, ya en vías de extinción en la Argentina, el tatú o rabo de molle, la mulita grande, el tatú podyú o peludo grande.

Entre las aves se encuentran todas las especies que buscan como refugio las selvas y los sitios desolados y silenciosos. Algunas de ellas habitan en lugares abiertos, sin vegetación. Otras lo hacen en lo intrincado de la selva, como la perdiz del monte, el inambú caa-huí o de patas rojas. Un macá de tipo mediano es el único representante de esta especie, y suele habitar en las orillas de los ríos, en compañía de otras aves, los biguás, negras y esbeltas, grandes nadadoras y pescadoras.

En medio de la vegetación palustre se encuentran garzas, chiflones, mirasoles y bandadas de cigüeñas y cuervos de cañada. Existen también gran cantidad de chajás, cisnes y gansos, pero los más abundantes y característicos de esta familia son, sin duda, los patos, especie de la que se encuentran gran variedad de ejemplares y familias: el pato argentino, el barcino, el crestón, el criollo real, el manicero, el sirirí o silbón, el sirirí pampa y el pato serrucho, que es poco común y habita solamente en Misiones.

Entre las aves de presa pueden consignarse a los aguiluchos, halcones, buitres, caranchos y chimangos. Entre estos rapaces hay algunos, como el águila langostera, que representan, por sus costumbres insectívoras, un auténtico servicio para el cultivo de la región. Las especies exclusivas del Alto Paraná son el halcón blanco, el gavilán pardo, el halcón plomizo, el aguilucho común o de pecho blanco.

Entre las aves comestibles, algunos ejemplares como la pava del monte, la yacupitinga y la pava del monte paraguaya, que se encuentran en distritos ubicados más al sur, son fácilmente domesticables.

Existen asimismo chorlos, chorlitos, becasinas, aves acuáticas o semiacuáticas que por su plumaje suelen no distinguirse a primera vista, dentro del paisaje.

El tero, el tero real y otros ejemplares de estas familias que efectúan migraciones entre lugares distantes del país, son también habituales en la región.

Entre las palomas son características la palomita parda, la palomita gris, la azulada, la yerutí, la colorada, la torcaza, la torcacita y la paloma montaraz.

Otras aves, pese a ser realmente hermosas por la variedad de su plumaje, debieron ser consideradas plagas nacionales ante la destrucción que ocasionaban en los sembradíos. Es el caso de los loros, que habitan prácticamente en toda la selva de la región, en sus variedades de loro de pecho violáceo, maracaná afeitado, guaracamaya azul, loro aligero, loro hablador, loro de los palos, loro choclero y las distintas clases de cotorritas.

En las riberas se encuentra una de las aves consideradas maléficas por la tradición supersticiosa popular: el yasiya-teré.

Pueden enumerarse asimismo la lechuza de las vizcacheras, el lechuzón de los dedos desnudos, la lechuza negra y el caburé.

El urutaú es un ave típica por su grito lastimero que originó una divulgada leyenda; diversas especies de dormilones y atajacaminos, así como el vencejo ligero y el de cuello ceniciento, y numerosos picaflores completan la fauna de la región.

Las especies de pájaros son tan variadas que resulta imposible una enumeración total y exhaustiva, pero pueden mencionarse además de los ya consignados, a los trepadores, manchados y oscuros, el picopalo, el tico tico, el chirlador, la ratona del monte, el benteveo, el zorzal, el tordo, etcétera.

Subdistrito ribereño deltaico

Las selvas de Misiones se prolongan hacia el Sur formando estrechas galerías habitadas por numerosas especies animales, que viven favorecidas por la vegetación y el clima ribereño. Los límites zoogeográficos son poco precisos porque los animales suelen desplazarse hacia condiciones de vida más propicias, o bien por simple necesidad de alimentación.

Las crecientes de los ríos provocan la dispersión de las especies hacia sitios completamente alejados de su habitat natural. Es el caso de insectos, reptiles, batracios y hasta algunos felinos que, provenientes de la selva misionera, han llegado hasta el centro mismo de las islas del Paraná Inferior.

Por otra parte, la acción del hombre, ya sea a través de la urbanización, la caza o simplemente la radicación, ha determinado la desaparición de innumerables especies en las riberas del Paraná Inferior. Todos los felinos y muchos de los cérvidos -como el ciervo de los pantanos- han desaparecido de la zona inferior del Paraná para refugiarse en el interior de la selva misionera.

Entre los mamíferos, se encuentran en este distrito los murciélagos, los falsos vampiros de orejas largas y el vampiro atrapamoscas, que son completamente inofensivos y se alimentan de insectos.

Hay también lobitos de río, zorrinos que frecuentan las orillas de los ríos y de las lagunas interiores de las islas, siendo los roedores quienes mejor definen el carácter de la fauna de esta región, con representantes muy característicos: el pelilargo, el ratón criollo, el ratón isleño, el hocicudo, la rata acuática, el carpincho, la nutria criolla, la rata peluda y otros.

Ni los monos ni los felinos son frecuentes en este distrito, ya que prácticamente han abandonado las selvas ribereñas. Los ciervos, que solían verse en los esteros y bañados y en las islas del delta, han ido desapareciendo también de la región, pudiendo encontrarse sólo en forma aislada.

Entre las aves pueden mencionarse el biguá común, el biguá blanco, la cigüeña de cuello pelado, las bandurrias, el  cuervo de frente pelada, el pato criollo, el pato fierro, el carau o viuda loca, la becasina real, el chorlo polar, el capucho gris, el capucho negro, el atí, el pico tijera o rayador, el loro de los palos, el barranquero, la cata, el crespín, la lechuza de los campos, el urutaú, el dormilón chico, el carpintero real, el martín pescador.

Hay batracios y reptiles en forma abundante, tanto sobre el río como en el interior de las islas: numerosas tortugas acuáticas, culebras, iguanas, víboras.

Mamíferos

En el orden de los marsupiales hay variedades en forma, tamaño y aspecto, encontrándose tipos trepadores, cavadores, saltadores e, incluso, algunos con hábitos semiacuáticos. Muchas especies son carnívoras e insectívoras, aunque también se presentan otras herbívoras que se alimentan de hojas, frutas y raíces.

Tienen cuatro extremidades con garras o uñas y una cola prensil o agarradera con la que pueden permanecer colgados de los árboles.

En el Paraná se encuentran dos especies que pertenecen al orden de los marsupiales: la comadreja zarigüeya orejuda o mycurú y la comadreja overa o picaza. Se asemejan bastante a las ratas o ratones; la cabeza es estrecha y alargada, tienen el hocico puntiagudo y las narices abiertas como los perros, con un espacio granuloso entre medio. La boca es muy rasgada y grande, llegando casi hasta los ojos. Las orejas son redondeadas y, en general, peladas y membranosas.

La zarigüeya orejuda se diferencia de las otras especies de la familia por una línea negra que atraviesa su cabeza desde la frente hasta el hocico y por las largas cerdas blancas que cuelgan de sus orejas. La otra especie, la comadreja overa, fue descubierta en el Paraguay por Félix de Azara por lo que se la conoce asimismo como comadreja de Azara.

La comadreja colorada se caracteriza por tener una cola muy gruesa, que disminuye su espesor al llegar a la punta. El lomo es de color pardo rojizo y en los costados varía desde el rojo intenso al naranja.

El orden de los murciélagos o quirópteros engloba a unos pequeños animales provistos de alas de grandes dimensiones, lo que aumenta notablemente su tamaño durante el vuelo, que es posible por una gran membrana extendida a ambas extremidades y, en la mayoría de los casos, a la cola. También se trasladan por el suelo con cierta velocidad. La especial articulación de los miembros posteriores con la cintura pélvica, les permite -con ayuda de sus uñas curvas que se flexionan hacia adelante- adoptar la posición invertida, característica durante su reposo.

Algunas de estas especies se alimentan en forma casi exclusiva de sangre (hematófagos), mientras otras eligen como alimentos frutas. Los hábitos de estos animales son nocturnos, y durante el día se refugian en escondrijos inaccesibles donde no penetra la luz del sol.

En la región paranaense aparece el murciélago de labio partido, que presenta un labio superior muy carnoso con el que captura pequeños insectos y algunos peces de poco tamaño. Para atrapar a estos últimos, se desliza a ras del agua, en suave vuelo. Por ese motivo se lo conoce con el nombre de murciélago pescador, también llamado de vientre blanco.

Asimismo aparecen los vampiros verdaderos o mordedores, una especie exclusivamente americana que carece por completo de cola y tiene un par de incisivos superiores muy anchos y cortantes, que les permite ocasionar heridas pequeñas y, mediante su lengua, succionar la sangre. Atacan de este modo a los animales, generalmente en la cola, y a los seres humanos en los dedos de los pies. Es el peligroso trasmisor del virus que produce la rabia paresiante de los vacunos, y se lo supone, también intermediario del agente etiológico del mal de cadera o tripanosomiasis equina.

Los falsos vampiros o murciélagos de punta de lanza fueron confundidos siempre con los vampiros mordedores, cuando en realidad se trata de animales inofensivos, que se alimentan de frutas e insectos. Entre los falsos vampiros, a su vez, aparecen distintas clases: el llamado vampiro de orejas largas, con un pelaje largo y suave, y de tamaño reducido, y el falso vampiro flor de lis, con orejas pequeñas y una nariz en forma de la flor que le da el nombre.

El gran artibeo listado, de pies juntos, presenta listas blancas a ambos lados de la cabeza, que es redondeada, con las orejas largas y enruladas en la punta.

Dentro de la misma familia se encuentra el vampiro atrapamoscas, de tamaño reducido y dotado de una larga lengua con la que atrapa los pequeños insectos refugiados en las corolas de las flores. En la familia de los vespertiones se incluyen, asimismo, los murciélagos orejudos y los oreja de ratón, que se alimentan en general de insectos.

Existen otros murciélagos que se adaptan a la vida de las ciudades en techos y lugares oscuros, manteniendo hábitos gregarios; entre ellos se encuentran los molosos o murciélagos de cola de ratón, de pelaje opaco y uniforme de color marrón y, excepcionalmente, negro.

El orden de los primates comprende a todos los monos. Los americanos constituyen un grupo con características diferentes a los del Viejo Mundo, ya que éstos son cantarrinos o pitecos, y, los primeros, plantarrinos o neopitecos. Los monos americanos tienen mayor número de muelas y no poseen cavidades a ambos lados de la boca para guardar la comida, como ocurre en los europeos, ni tampoco las callosidades a ambos lados de la región anal. En cambio, es común que posean una cola prensil o agarradora, aspecto éste que no aparece en los monos de África y Europa.

En el área paranaense se encuentra el caí común y el caí oscuro. Son especies altamente sociales y, en su habitat natural, saltan sin cesar de rama en rama buscando frutas e insectos para su alimentación; son muy vivaces y dan muestras sorprendentes de inteligencia, siendo su carne apetecida por los indígenas de la región.

Otra especie, extendida hasta el norte santafesino, es el carayá o mono aullador, que vive en parejas o en grupos más o menos numerosos de individuos. Generalmente marchan por la selva en hilera, conducidos por el macho más viejo. Su voz es una de sus particularidades más singulares, constituyendo una especie de bramido al que se definiera como «fuerte, triste, ronco e insoportable». Son frugívoros, y en la zona de Misiones gustan mucho de las bayas del guaimbé, ingiriendo además hojas, brotes tiernos y flores. Sus hábitos son por lo general diurnos.

Los edentados son un orden de mamíferos exclusivamente americanos, con patas robustas y fuertes uñas, muy desarrolladas. Dentro de este orden, es frecuente encontrar en la zona del Paraná a los osos hormigueros y a los osos meleros o colmeneros. Estos últimos son más pequeños que los hormigueros, no excediendo nunca el tamaño de un gato común. Tienen debilidad por la miel  -de ahí su nombre- y atacan los panales introduciendo en ellos su lengua, muy afinada, hasta extraer el preciado alimento.

Al nacer, los animales de ambas especies son colocados por las madres en lechos de hojas secas al abrigo de los árboles. Cuando llegan al tamaño adulto, las dos especies presentan ejemplares fuertes y desarrollados, siendo los únicos animales de la selva que pueden enfrentar con éxito a los tigres y jaguares.

También dentro del orden de los edentados, se encuentran los armadillos, que se caracterizan por poseer un caparazón bastante consistente, formado por varias placas superpuestas que les cubren el cuerpo y la cola. Entre los armadillos se encuentran el quirquincho- bola o mataco, cuyo cuerpo adopta la forma de una pelota cuando duerme, el cabasú o rabo de molle, el guacalate, el tatú podyú o quirquincho de seis bandas -el más grande de los armadillos, con placas grandes y gruesas alternadas en un pelaje tupido-, y la mulita grande. Todos ellos alcanzan al Paraná Inferior en su distribución, con excepción del tatú carreta, en vías de extinción en el territorio argentino.

Los animales carnívoros representan, dentro del orden de los mamíferos, a aquellos que revelan una adaptación general para alimentarse de carne. Se distinguen de los demás mamíferos por la conformación de sus dientes y de sus extremidades: los primeros están dispuestos para desgarrar y cortar tanto la carne como los huesos, y las segundas tienen dedos provistos de uñas.

El orden de los carnívoros se encuentra a su vez dividido en varias familias, casi todas las cuales se encuentran representadas en la fauna ribereña del Paraná.

La familia de los cánidos está formada por los zorros del monte, de orejas y pelaje corto, de color entre gris y bayo pálido. Se alimentan de pequeños mamíferos y aves, aunque también pueden hacerlo de langostas y, circunstancialmente, de frutas maduras. Se encuentran a lo largo del Paraná en los claros o en lugares donde el bosque se hace menos denso.

El aguaráguazú representa dentro de los cánidos una especie muy particular. Sus patas son muy largas, las orejas grandes, el hocico afilado y una cola relativamente corta, que no llega a los garrones. Tiene una coloración rojo vivo, tirando al alazán, pero el hocico y las patas son negras, mientras la punta de la cola es completamente blanca. Aunque su habitat preferido son los lugares de escasa vegetación pero con densos matorrales, se acerca a los bosques ribereños donde se halla más seguro ante la persecución del hombre. Es en general tímido y cobarde y anda solo o en parejas; la especie se halla muy disminuida y su dispersión actual llega hasta el norte santafesino.

Del mismo orden es el osito lavador o aguará popé -nombre dado por los guaraníes por su hábito de lavar los alimentos antes de comerlos-, de orejas cortas y puntiagudas, cola no muy gruesa y patas con dedos totalmente separados, muy sueltos y desprovistos de pelaje. Suele merodear junto a los esteros, ríos y arroyos, ya que se trata de un excelente trepador, consistiendo su alimento en insectos, ranas, pequeñas aves y distintas frutas, además de la caña de azúcar, por la que siente especial predilección.

Los coatíes tienen la cabeza alargada, el hocico estrecho y largo, la nariz saliente y puntiaguda, y un pelaje largo y tupido que les cubre parcialmente las orejas. Sus costumbres los asemejan a los monos, ya que se mueven sobre los árboles con igual facilidad, saltando de rama en rama, aunque sin llegar a hacerlo de un árbol a otro. En el suelo, se mueven con suma rapidez, husmeando en todas direcciones con el hocico inquieto y la cola levantada.

Gustan mucho de las frutas y, sobre todo, de los huevos de gallina u otras aves. Son de fácil adaptación si se los mantiene en libertad de movimientos, ya que en jaula o cautiverio sufren accesos de tristeza y finalmente mueren.

Los hurones -el hurón mayor y el hurón menor- son representantes de la familia de los eirinos. Se trata de animales grandes, de pelaje oscuro muy corto, con una cabeza de tamaño reducido en proporción al cuerpo, y una cola larga y peluda. E! hurón mayor es de color negro intenso, con una mancha blanca en la parte baja del pescuezo. Es, en realidad, un animal con fama de feroz y sanguinario, y sus hábitos de alimentación responden a esas características. Cuando avista sus víctimas, las persigue a la carrera sobre los árboles o en tierra; al atraparlas, las degüella y les arranca la cabeza de un mordisco, para beberles la sangre y proceder recién entonces a comérselas. Sin embargo, si se lo atrapa siendo joven, el irará o hurón mayor es de fácil domesticación, llegando a adquirir la adaptabilidad de un gato. Le gusta mucho la miel, derivando de allí el nombre de irará: ira, miel: uara, señor o dueño.

El hurón menor es en apariencia de tamaño más reducido, aunque ello se debe a la impresión que produce lo corto de sus patas y cola. Vive en lugares abiertos y bosques, y aunque su alimentación es carnívora, no desprecia frutas y dulces.

En los lugares abiertos se encuentra el zorrino común, de pelaje negro recortado por dos tiras blancas de ancho variable, que se van ensanchando hacia atrás. Los zorrinos se alimentan de insectos y pequeños roedores, aunque no desdeñan algún ave o huevos, siendo menos carnívoros que los anteriores. Los líquidos arrojados por las glándulas anales, malolientes, constituyen su mejor defensa, y los despiden colocándose con la parte posterior hacia el enemigo y levantando la cola de largo pelaje.

Los lobitos de río o nutrias verdaderas son animales carnívoros de hábitos acuáticos, a los que caracteriza un pelaje oscuro y compacto, corto y lustroso, bajo el que se oculta una especie de lanilla igualmente apretada y corta. Son hábiles nadadores, capaces de zambullirse y dar vueltas en el agua con gran soltura. Se los encuentra sobre costas accidentadas, donde hacen su vivienda aprovechando cualquier cueva o agujero. Se alimentan exclusivamente de peces, pero también lo hacen de crustáceos, ranas y pequeños reptiles.

Su pelaje lustroso es muy empleado en peletería, teniendo considerable demanda, lo que desató una persecución despiadada que ha hecho peligrar seriamente la supervivencia de la especie en el ámbito fluvial argentino. El nombre de nutrias, que legítimamente les corresponde, fue aplicado por error en ¡os países del Plata al coypo o quiyá, que es un roedor.

En el área del Nordeste argentino, aunque raramente, se puede encontrar al lobito de cola ancha o lobo grande de río, y avanzando hacia el Sur, en el ambiente isleño, otra variedad. Ambas especies se encuentran protegidas por disposiciones legales tendientes a la conservación de las mismas.

Los félidos agrupan a los gatos, leones y tigres, animales adaptados para la captura de presas vivas. Son los carnívoros por excelencia y se agrupan en familias poco numerosas, que suelen vivir, por lo general, solos y marginados del resto de la fauna selvática.

En su boca se encuentra mayor cantidad de dientes que en otras especies, predominando las muelas carniceras, con las que trituran a sus víctimas. Tienen el cuerpo alargado, de formas elegantes y gran elasticidad. Todos son digitados, o sea que caminan asentando solamente los dedos, lo que les otorga un andar silencioso y rítmico. Sobre la cabeza, por lo general chica, resaltan los ojos grandes, redondos y con pupila fácilmente contráctil a la luz solar, al extremo de tomar el aspecto de una línea vertical.

Los gatos del pajonal o gatos pajeros habitan en lugares abiertos de pastos altos. Son de costumbres nocturnas y se alimentan de avecillas, perdices o cuises.

El gato pintado, llamado chivi por los guaraníes, reemplaza en la selva al gato montes, y es notable por las variaciones cromáticas de su pelaje.

El ocelote o gato onza presenta amplias manchas que forman rayas oscuras, con colores brillantes y un pelo corto y suave. Habita preferentemente en la selva o terrenos arbolados. Es un excelente trepador que busca en los árboles sus presas, entre las que se cuentan las aves y los monos.

El yaguareté -conocido por los países del resto de América latina como tigre- es el animal más corpulento del continente, llegando los machos de mayor tamaño a medir 1.70 m. sin la cola, que tiene cerca de 80 cm. El yaguareté presenta un cuerpo fornido, de color amarillento con pequeñas manchas negras diseminadas en todo el cuerpo. Habita en lugares sombríos de la selva, cercanos a cursos de agua y sale a cazar al atardecer, aunque -a diferencia del puma- sólo mata lo que necesita comer. Caza todo tipo de animales, aunque prefiere los carpinchos y yacarés.

El puma o yaguá-pitá es una especie con gran área de dispersión en América, y se lo conoce desde la época de la conquista española como león americano.

El tapir, anta o mborebí es un animal de tamaño considerable, al que suele denominarse, por esa condición, «La gran bestia». Se asemeja mucho a los cerdos por su aspecto, pero por su trompa se relaciona con el orden de los elefantes, aunque la misma no tiene ninguna función, ya que se trata de una nariz movible y alargada, que el animal levanta al comer o beber, para no mojarla.

Tienen mucha afición por los cursos de agua, a los que se acercan en horas determinadas para bañarse o nadar. Tienen actividad preferentemente nocturna y sus hábitos alimentarios son herbívoros: se alimentan de raíces, hojas y aprovechan los frutos que caen de los árboles. Reaccionan en forma violenta y furiosa al ser atacados, aunque no por ello pueden ser considerados animales feroces, aunque sí dignos de temer. Son de hábitos metódicos y utilizan siempre un mismo sendero en la selva; esa constancia es su mayor peligro, ya que los senderos son rastreados fácilmente por los cazadores.

Los pecaríes, también conocidos como chanchos del monte, presentan un gran parecido con los cerdos, aunque tienen características diferenciadoras. No tienen cola y sus patas poseen cuatro dedos en las anteriores y tres en las posteriores; cerca de la grupa tienen una glándula que segrega una substancia con fuerte olor a almizcle; su hocico exhibe un fuerte reborde que les es muy útil para tocar el suelo sin lastimarlo, y tienen el cuerpo revestido de un espeso pelaje cerdoso y áspero.

En el Nordeste se encuentra asimismo el pecarí de collar, que tiene una banda de pelo más claro, a modo de collar, sobresaliendo entre el oscuro pelaje general. De la misma especie es el taitetú, conocido en la Argentina como chancho rosillo. El pecarí labiado es otra de las especies conocidas, en su variedad tayassú. Se alimenta de un bulbo denominado tayá en lengua tupí, de donde deriva el nombre con que se lo designa.

En la familia de los cérvidos, son varias las especies que se encuentran en el área paranaense. El ciervo de los pantanos o guazú pucú, de cuernos grandes, gruesos y bifurcados, merodea en los esteros, bañados y sitios donde hay agua, aunque suele habitar asimismo en lugares de vegetación espesa y seca. En estos ámbitos se confunde, por su color, con el paisaje, apareciendo de improviso entre la vegetación. Son francamente confiados y suelen acercarse, con timidez, a los lugares habitados, por lo que pueden ser capturados con facilidad. Esto provocó la desaparición de la especie en muchos lugares, entre ellos el delta, donde era frecuente su presencia. Es en general perseguido por el cuero.

La corzuela-birá, llamada biracho en la zona entrerriana y guazuncho en la chaqueña, es de color bayo y sepia, presentando los cuernos con una sola punta, aunque se han hallado algunos ejemplares viejos con un principio de bifurcación. La corzuela enana, llamada borobó por los guaraníes, tiene e.1 pelaje rojo oscuro, presentando a veces coloración siena tostado, con las patas casi negras.

Los roedores son también parte de la fauna ribereña del Paraná. En el ambiente misionero habitan 16 especies distintas, que se asientan a lo largo de las orillas o se adaptan a la vida sobre los árboles o en pequeñas cuevas en la tierra. Una de sus principales características la constituyen los dientes, con incisivos de raíz abierta, con una pulpa resistente que permite su crecimiento continuo, contrarrestando el continuo uso y desgaste de los mismos.

La ardilla gris misionera, conocida en Brasil como serelepe, es una de las variedades de la región, con pelaje largo y suave, de tonalidad olivácea con reflejos plateados. La garganta es blanca y el pecho y vientre son de color ocre tornasolado. El ratón hocicudo de Azara, en la misma zona, presenta un color rojizo y cola muy larga, siendo conocido también como ratón hocicudo misionero.

El apereá del Paraguay, de la familia de los cávidos, es animal de hábitos nocturnos, pudiendo encontrárselo durante el día, corriendo en busca de nuevos escondrijos. Tiene el pelaje largo, en particular en la nuca, espeso y de tonalidad grisácea. A la misma familia pertenece el paca o guardatinajos, de extremidades cortas y rollizas y el pelo oscuro y corto.

El tapetí o conejo del Brasil, perteneciente a la familia de los tapetís, tiene el aspecto de una liebre joven, pero su color es acanelado, con los costados grisáceos y una mancha de color oscuro en la nuca.

El carpincho, de la familia de las capibaras, es el roedor de mayor tamaño de la región, con extremidades cortas provistas de dedos con fuertes uñas. El carpincho es motivo de persecución por el valor de su cuero, utilizado en marroquinería. Tiene hábitos nocturnos, no cava madrigueras, es herbívoro y vive junto a los bañados, esteros o cursos fluviales, al igual que el coipo. Este último roedor es también perseguido por el alto costo de su piel, utilizada en peletería. Ambos son buenos nadadores y se los explota comercialmente, reduciéndolos en criaderos especiales. De ambos se utiliza asimismo la carne, que es sabrosa aunque un tanto fuerte de sabor.

Reptiles

Las condiciones ecológicas se combinan para hacer de gran parte de la cuenca paranaense un territorio rico en reptiles. Los ofidios, de alargado cuerpo, sin extremidades, poseen dientes que no tienen una función masticatoria, y su forma -curvada hacia adentro y hacia atrás- tiene por finalidad no dejar escapar la presa. En algunos grupos, los dientes se unen a las glándulas productoras de veneno que, en definitiva, no son más que glándulas salivales.

La fijeza en la mirada de estos animales -que suele impresionar a la gente-, se debe sobre todo a la carencia de párpados, y tampoco pueden percibir sonidos audibles al ser humano, por carecer de oído externo o pabellón, caja ni tímpano. Tampoco pueden emitir sonido alguno. La gran mayoría son ovíparos, poniendo buen número de huevos; en las víboras venenosas la reproducción es ovovivípara, es decir, que los huevos son incubados dentro del cuerpo de la madre y los viboreznos nacen vivos. Las especies ovíparas cubren sus huevos con tierra o arena, para evitar su desecación. Todos estos animales han sido muy perseguidos, dada la utilización de sus cueros a escala industrial, para la fabricación de calzado y carteras.

Dentro de los reptiles se encuentran tres órdenes: los escamados, con los subórdenes de ofidios y saurios; los testudines o tortugas, que agrupa los subórdenes de especies acuáticas y terrestres, y el orden de los cocodrilos o yacarés y afines.

Las serpientes son reptiles que se deslizan por el suelo de manera sinuosa, reptando con movimientos que se suceden debido a la combinación establecida entre su largo espinazo (al que se adhieren vértebras perfectamente ensambladas), formando una articulación que facilita el desplazamiento en cualquier sentido.

En el agua, se desplazan por un movimiento ondulatorio, pero en tierra distan mucho de ser veloces, alcanzando una marcha promedio de 6 Km. por hora. Los huesos de la cabeza son móviles y las membranas de la boca extensibles, lo que les permite engullir animales mucho mayores que su diámetro normal. En las especies venenosas, junto a los otros dientes se encuentran uno o dos colmillos grandes, que inoculan el veneno a modo de una inyección. Cuando este colmillo está inactivo, se apoya sobre el paladar, pero cuando ataca se proyecta -por un juego de palancas óseas- en forma de lanza.

Las boas o boidaes viven enroscadas en los árboles de la selva misionera, destacándose en la región la jijiboia parda, agresiva y peligrosa porque ataca a todos los animales que encuentra a su paso.

La lampalagua o curiyú, también llamada boa acuática, se alimenta específicamente de peces, aunque puede hacerlo con animales terrestres en forma ocasional, a los que devora con la misma facilidad. Alcanza casi los 4 m. de longitud y se mueve con singular lentitud y timidez, sin atacar jamás al hombre.

La llamada boa de las vizcacheras es del tipo constrictor y recibe también el nombre de lampalagua. Se alimenta de ratas, cuises y vizcachas; suele guarecerse en las cuevas de estos animales y devorar una considerable cantidad de ellos en una sola noche.

La más afamada de las boas es la constrictor propiamente dicha, que en nuestro país habita sólo en Misiones. A pesar de tener gran longitud es tan tímida como la curiyú: huye de los hombres y llega a domesticarse con facilidad, habitando sitios próximos a los poblados, donde elimina a murciélagos y roedores.

Las culebras tienen el cuerpo recubierto de escamas cóncavas, de colores lisos y también brillantes. Tienen la cabeza oval, con el cuello poco marcado, siendo éste uno de los rasgos fisiológicos que las distinguen de las víboras venenosas. No tienen dientes largos y sus colmillos son inofensivos ya que no son en absoluto venenosas. Les agrada la vida sobre los árboles, entre los que se ocultan con facilidad confundiéndose con la tonalidad verdosa de las hojas. Algunas se alimentan de insectos y lombrices, sobre todo las culebrillas; cuando son mayores prefieren ratas y ratones o los pájaros desprevenidos que se encuentran sobre los árboles. En la selva misionera se encuentra la yacaniná o ñacaniná (del guaraní: iñaca: su cabeza, y niná: alerta), de bello y codiciado cuero y de tamaño tan grande como una boa. Cuando se ve acorralada, enfrenta al enemigo erguiendo su cuerpo e hinchando el pescuezo.

Asume de ese modo un aspecto temible, aunque se trata de un mero alarde ya que es un animal totalmente inofensivo.

La culebra denominada falsa víbora de la cruz presenta mucha similitud con la verdadera y es muy temible. Como la víbora del mismo nombre, es chata, de color grisáceo, con manchas sobre el cuerpo, de aspecto sinuoso. También se defiende si es atacada y hasta es capaz de lanzar algunos mordiscos, aunque en general sus blancos predilectos son los sapos y ranas que constituyen su alimento.

La llamada falsa yarará o yarará ñata utiliza astucias parecidas a la anterior, la falsa víbora de la cruz. La falsa coral, por su parte, tiene las mismas bandas rojas y negras a lo largo de todo el cuerpo, aunque un detalle (que aparece también en la falsa yarará) sirve para identificarlas: la quilla que se encuentra en el hocico de ambas, denota sus hábitos rastreadores y permite reconocerla.

Existen otras culebras que poseen colores parecidos a los azules o verdes, lo que les permite confundirse con los árboles.

De este tipo es la culebra verde, que al verse en apuros se suspende de una rama, cabeza abajo, mimetizándose con una rama agitada por el viento.

Las corales verdaderas poseen hermosos cueros: son largas cintas de color rojo escarlata y negro, combinadas con las tonalidades color coral que le dan nombre. A pesar de su fuerte veneno, sólo acuden al mismo frente a una provocación directa y repetida.

En la región selvática misionera se encuentran la coral típica, que se alimenta sobre todo de otros ofidios, y la coral mboí chumbé guazú (del guaraní: mboí: serpiente; chumbé: cinturón; guazú: grande), con una serie de anillas negras en el cuero y reconocida ferocidad.

Entre la víboras venenosas de la región se encuentran la yarará o víbora de la cruz (del guaraní: yarará: soberbia), cuyo cuero presenta manchas semicirculares de color negro en forma de herradura sobre un fondo grisáceo con puntos blancos. Dentro de esta especie, se hallan la yarará-í o de cola blanca, y la yarará ñata. Todas ellas habitan los lugares próximos a los cursos de agua y su número aumenta considerablemente con las crecidas y los desbordes de los ríos.

La víbora de cascabel es la más temida entre todos estos ofidios, anunciando su presencia con el sonido claro de un cascabel semejante a un campanilleo.

Los saurios constituyen un orden parecido al de los ofidios por sus cuerpos largos y delgados, aunque se puede distinguirlos a simple vista por la presencia de patas, que los ofidios tienen atrofiadas o ausentes.

En la región paranaense se encuentra el lagarto overo o teyú guazú, de gran tamaño y corpulencia. Es lo suficientemente ágil como para apresar los roedores de los que se alimenta, aunque a veces resulta torpe y lento para evitar a los cazadores. Se encuentran en la región, asimismo, distintos tipos de lagartijas, de tamaño mucho menor al del lagarto overo: la llamada temnapara, la mboloví, y la teyú taragüí, esta última de unos 25 cm. de largo, con la piel color pardo y continuos lunares amarillos.

Otros saurios prefieren la vida subterránea, como la llamada víbora de dos cabezas, que a pesar de su nombre es sólo una lagartija con ojos inútiles, que prefiere habitar bajo tierra.

Sus oídos son rudimentarios y están ubicados en una cabeza muy poco diferenciada, que se asemeja a la cola, lo que provoca la confusión. Es parda y de cuerpo anillado, compartiendo los subterráneos con lombrices e invadiendo constantemente los hormigueros.

En el orden de los testudinados se encuentran las tortugas, reptiles que tienen el cuerpo encerrado en un caparazón óseo formado por las costillas que se sueldan entre sí. En la región del Paraná, especialmente en las provincias de Misiones y Chaco, se encuentra la corpulenta tortuga carbonaria, llamada jabutí, a la que los guaraníes denominaban karumbé. Esta tortuga tiene un caparazón con escamas poligonales, de color negro con manchas amarillas cuadradas en el centro de cada placa; las placas de la cabeza y de las patas- son rojizas. Su carne es muy apetecible y la especie ha sido diezmada por ese motivo.

La tortuga de tierra más conocida en nuestro país y en la región paranaense es la tortuga chilensis, de apariencia decorativa, con placas hexagonales amarillentas ribeteadas de negro. Es de adaptabilidad inmediata a la domesticación, por su carácter pacífico.

Para habitar en el ambiente acuático, la tortuga de río aplanó su caparazón, adaptándolo a la vida fluvial. Más corpulenta que la anterior es la tortuga de arroyo, cuyas placas lisas son de un color castaño oliváceo. Estas dos tortugas se reproducen y perpetúan escondiendo sus huevos en agujeros hechos en la arena de las riberas, donde se incuban por efecto del calor solar. Al nacer, los pequeños animales se arrojan rápidamente al agua.

En los ambientes acuáticos viven asimismo los dos únicos hidrosaurios de la Argentina: el yacaré de hocico ancho y el yacaré hú. Ambos han sido objeto de una intensa e irracional cacería que los ha relegado al Nordeste, cuando en épocas anteriores su habitat natural llegaba hasta la zona del delta. Se reproducen por huevos que pueden sobrepasar el medio centenar. Los huevos son colocados en un nido hecho de tierra y detritus vegetales, y son cubiertos con tierra y arena. La fermentación y el calor solar producen la incubación. Los yacarés se alimentan de peces y moluscos. Son rápidos nadadores y se desplazan torpemente y con lentitud en tierra.

Batracios

Los batracios son animales que tienen la piel desnuda, sin pelos, plumas o escamas. Cuando son pequeños -período en que se los denomina renacuajos- están condicionados para habitar en ambientes acuáticos, pero luego desarrollan aptitudes que les permiten vivir fuera del agua, aunque sin alejarse nunca de las inmediaciones de ríos, arroyos y lagunas.

Los sapos carecen de medios para atacar; están provistos solamente de elementos de defensa. Sus movimientos son torpes y lentos; la boca carece de dientes, y el veneno que segregan es exudado a través de la piel mediante glándulas venenosas, alojadas especialmente en la región del cuello. Otro medio defensivo lo constituyen las características de su piel, que les permiten mimetizarse.

Los sapos son muy resistentes al hambre, habiéndose realizado experiencias en las que los animales permanecieron años sin probar alimentación de ningún tipo. Pero así como no prueban alimento, cuando lo tienen al alcance son sumamente voraces, y pueden engullir cerca de 15 mil insectos por mes.

A pesar de su habitual torpeza, engullen a insectos muy rápidos gracias a la disposición de su lengua, adherida al borde exterior de la boca, lo que les permite descargarla con fuerza sobre cualquier volátil.

Distingue a los sapos su grito sordo, que pertenece exclusivamente a los machos, y es su canto de amor. Ese sonido gutural característico lo emiten los machos en celo durante la noche. En la región del Paraná se encuentra el denominado bufónido sapo buey, que emite una especie de mugido peculiar al que debe su nombre. En Tucumán se lo llama rococó y en Corrientes cururú-paquero. Este sapo tiene piel amarillenta con dibujos parduscos, que en las hembras son más grandes y entrecruzados. Sobresale por su tamaño -llega a medir 20 cm. y a pesar 1,800 Kg.- y tener en la parte dorsal de las tibias, dos segmentos secretores llamados glándulas paracnemis, que exudan un veneno lechoso al ser comprimidas. En los lugares donde abunda, el sapo buey sufrió una persecución indiscriminada por su cuero, muy útil y codiciado en la fabricación de carteras y zapatos femeninos.

Las ranas poseen toda la elegancia de que carecen los sapos. Todo en su organismo está adaptado para saltar y sus patas posteriores, excesivamente largas, les permiten dar saltos mucho mayores que su propio tamaño. La piel es resbaladiza y brillante, y el vientre blanquecino.

El clima propicio de la región paranaense desde Misiones hacia el Sur, favorece la existencia de distintos tipos de ranas. Entre éstas se destacan las ranas yuí, las más famosas del continente americano, conocidas como ranas comunes, de gran voracidad y capaces de engullir animales que superan ampliamente el tamaño de su boca y aun de sus pequeños cuerpos. La llamada rana-pimienta, que alcanza el poco común tamaño de 18 cm. de largo, es también tremendamente voraz y se alimenta de culebras, ratones, murciélagos y cuanto animal pequeño se mueva a su alrededor. Es sumamente llamativa por las manchas amarillas y rojas que presenta en los muslos.

Aves

Las aves presentan gran variedad de aspectos, en la forma de las patas, en la configuración del pico y demás partes del cuerpo, diferenciándose asimismo en su coloración y adaptación biológica. A pesar de estas características que pueden ser distintivas, presentan también algunos rasgos comunes que las distinguen de los demás vertebrados: ponen huevos, no tienen glándulas en la piel y la cabeza está unida al cuerpo por una columna vertebral con una sola articulación.

En las selvas y barrancas del Paraná se encuentran representantes de casi todos los órdenes, que pueden consignarse como: tinamiformes, colimbiformes, ciconiiformes, anseriformes, falconiformes, galliformes, gruiformes, charadriformes, columbiformes, psitaciformes, cuculiformes, estrigiformes, caprimulgiformes, micropodiformes, coraciformes, trogoniformes, pisciformes y paseriformes.

En el orden de las tinamiformes se hallan algunas perdices que suelen habitar sitios abiertos de vegetación pero que también se encuentran en ámbitos intrincados de la selva. Son ellas la perdiz de monte, la inambú caa-huí o de patas rojas, que no son solamente privativas de esta región sino de todas las llanuras y campaña del país. Son aves de plumas jaspeadas, muy rápidas para correr por los campos de vuelo corto y pesado.

La perdiz es muy codiciada por su carne, y para evitar su exterminio ha sido reglamentada su caza en diversos períodos del año.

Entre las colimbiformes se hallan los macas, de los cuales sólo el mediano habita en el Nordeste, mientras que en el Paraná Medio e Inferior se encuentran el maca de pico grueso, el macasito y el maca plateado, todas ellas aves acuáticas que incluso hacen sus nidos en el agua, donde los huevos son incubados por el macho, alternadamente con la hembra. También en el agua viven el biguá, en sus variedades común y víbora. Suelen volar en bandadas, formando una V, y en el agua se comportan como excelentes nadadores; tienen el cuello largo y elegante, de plumaje oscuro, a veces negro azulado y otras violeta oscuro.

Las garzas, chiflones, mirasoles, bandurrias, cigüeñas, cuervos de la cañada, flamencos y espátulas, pertenecen al orden de las ciconiiformes. Son todas aves de picos y patas proporcionalmente largos. En los esteros y bañados próximos a los ríos de la cuenca del Paraná, se encuentra La garza mora, la garcilla azulada, la garza blanca, la garza blanca chica, la hoco común o garza roja, la garcita mirasol, la mirasol grande y la hoco negra. Todas ellas tienen el cuello erguido y largo, el pico recto, grueso y largo en proporción al cuerpo, todo lo que les otorga un aspecto estilizado. Las largas patas les sirven para caminar en el agua, a la espera de algún pez al que atrapan introduciendo el pico e hiriéndolos, para luego engullirlos. También anidan sobre los árboles cercanos a la costa y se agrupan en grandes bandadas.

Las cigüeñas están representadas por la de cabeza pelada, la común o mbaguarí, la de cuello pelado o tuyuyú coral. Se encuentran asimismo el cuervo de frente pelada, el de la cañada, la espátula rosada, y el vistoso flamenco blanco rosado, que construye sus nidos de barro sobre el nivel del agua, incubando un solo huevo.

Pertenecen al orden de las anseriformes los chajás, los cisnes y los gansos, todos ellos en general muy perseguidos por los cazadores, pero que suelen encontrarse aún en abundancia en orillas del Paraná o dentro de las lagunas, esteros y bañados del delta. Los chajás, llamados pájaros yajás por los guaraníes, se destacan por un canto triste, parecido al sonido de una trompeta. Tienen la cabeza grande, las patas largas, el pico agudo y el plumaje blanquecino grisáceo. Su carne, fofa, no es apetecible.

Sin lugar a dudas, las aves más comunes y conocidas de este orden son los patos, que anidan en ambientes acuáticos, fluviales y palustres del Nordeste argentino. Los patos, llamados ipeg por los guaraníes, tienen las patas llanas y palmeadas, provistas de membranas que se extienden para nadar, lo que les permite rápidos movimientos en el agua.

En el área paranaense se encuentran el pato argentino, el barcino, el colorado, el crestón, el criollo real, de cabeza negra, de collar, el pato fierro, el maicero, el overo, el picazo, el cuchara, el portugués, el sirirí o silbón, el sirirí pampa y el pato serrucho, del área misionera, que es una de las aves más raras y codiciadas por los coleccionistas.

Entre las falconiformes o aves de presa, se presenta el grupo de los buitres, cuervos de carroña y el de los aguiluchos, halcones, caranchos y chimangos. Tienen picos poderosos terminados en punta y las patas con garras. Viven de restos de animales muertos y de presas vivas. En el primer grupo se encuentran los de vuelo más pesado, de gran resistencia, que les permite mantenerse mucho tiempo en el aire, efectuando un vuelo planeado. El más numeroso en especies es el segundo grupo.

Entre los del primer grupo se encuentran el iribú piraí o cuervo de cabeza amarilla, y el iribú o cuervo negro, que ha originado numerosas supersticiones. El segundo grupo tiene amplias formas de difusión, no faltando las especies exclusivas del área paranaense: halcón blanco, muy común en los montes chaqueños, gavilán pardo, halcón plomizo, aguilucho común o de pecho blanco, águila langostera, águila pampa o colorada, águila negra pescadora, aguilucho o halcón de cabeza negra, carancho, chimango, chimachima, harpía -oriunda de otras latitudes pero de la que se encuentra algún ejemplar en Misiones- y el halcón caracolero, que prefiere como alimento los caracoles del género ampullaria, que localiza en lagunas y esteros mediante lentos vuelos rasantes. Todos estos rapaces, pese a los daños circunstanciales que pueden ocasionar, merecen protección ya que constituyen constantes enemigos de ratas y ratones y verdaderos limpiadores de alimañas y carroñas en los campos.

Las gallináceas silvestres (orden de las galliformes) son aves de alas cortas, con plumas en la cabeza, que suelen erizar formando un copete. Tienen sus extremidades adaptadas a la marcha y a la vida arborícela, alimentándose de granos, frutos e insectos. La pava del monte misionera o yacupeba (yacutinga en el área misionera) y la pava del monte paraguaya, cuya área de dispersión avanza hacia el Sur, donde además se encuentra la charata, son ejemplares- de esta región paranaense.

Entre las rálidas del orden de las gruiformes, se encuentran la gallineta rojiza, la plomiza, la polla de agua grande, la polla sultana, la gallenillita de cejas blancas y el ave de sol o picapara.

Dentro del orden de las charadriformes se halla el grupo de los chorlos, chorlitos, teros, gaviotas, becasinas, etc., que viven cerca de esteros, lagunas y bañados. Son en general aves acuáticas o semiacuáticas, y muchas especies pertenecen al grupo de las aves migratorias, trasladándose a cientos de kilómetros.

Los indígenas llamaban teu teu o tele tele al ave conocida por los españoles como tero tero -un intento de representar con palabras el sonido de su canto-. Existen en la región el tero real, el común y el tero palmado o blanco, tratándose de avecillas del tamaño de una paloma mediana, de pelaje azulado-ceniciento. La cabeza tiene un copete que se levanta con plumas altas de color casi negro.

Otras aves del orden son los chorlos, las becasinas y el batitú, que efectúa migraciones de miles de kilómetros desde el círculo polar hasta nuestro país.

En el mismo orden se encuentran las gaviotas: de capucho gris, de pico de tijera y el gaviotín.

El subdistrito misionero presenta, en el orden de las columbiformes a la palomita parda, la yerutí pirang, la gris azulada, la pihuí, la yerutí, la paloma turca, la colorada, la torcaza, la tprcacita y la paloma montaraz, aves que poseen un extraordinario sentido de orientación.

En el orden de las psitaciformes se integran loros, cotorras, calacantos, catas, etcétera. Son aves de pico ancho, que les permite triturar los granos Con facilidad. El dedo externo de sus patas puede colocarse indistintamente hacia atrás o hacia adelante, posibilitándoles marchar o trepar mientras que la conformación especial de la siringe les facilita la articulación de sonidos imitando palabras, una cualidad que las distingue de otras aves.

Viven en general en bandadas, conservando la condición de parejas o casales. Las distintas especies de loros no suelen juntarse ni para comer ni para vivir, manteniéndose en general independientes unas de otras. Instalan sus nidos en las ramas de los árboles, troncos huecos o en las barrancas costeras.

En el área misionera se encuentran el loro de pecho violáceo, la viudita, cuya hembra es totalmente verde mientras el macho presenta la espalda y la cara interna de las alas de color azul intenso; el maracaná afeitado, el guaracamaya azul, el ara amarillo, el loro aligero, el hablador, la cotorra verde, el loro de los palos, el calacate, el loro choclero, la cata común y la cotorrita. A lo largo de la selva ribereña del Paraná habitan dos cuculiformes: el yasiyateré y el cuclillo, aves inquietas y desconfiadas, cuyas leyendas forman parte del acervo mítico regional. El cuclillo deposita sus huevos en los nidos de otras aves, encontrándose, en el mismo orden de aves, el crespín, el chochi, la pirincha, el anós o pirincho negro y el alma de gato.

Las rapaces nocturnas, aunque algunas de ellas tengan hábitos diurnos, integran el orden de las estrigiformes, contándose en la zona paranaense las lechuzas, búhos, caburés y ñacurutuses.

Estas aves se caracterizan por la cabeza, grande y achatada, y por los ojos, colocados frontalmente en medio de un disco de pítimas dispuestas radial-mente, que les otorgan un aspecto singular. Su pico curvo y las patas en forma de garra, les permiten dominar fácilmente a sus presas.

Los caburés son pájaros cazadores de otras especies voladoras, al punto de haber dado lugar a una leyenda muy difundida, que atribuye asimismo poderes de amuleto amoroso a las plumas de su cola. La lechucita de las vizcacheras, que es enemiga de los insectos, ha debido cargar asimismo con supersticiones que la sindican como portadora de variadas desgracias.

Algunas de las especies habituales en la región paranaense son: el lechuzón de dedos desnudos, la lechucita de cabeza negra, la lechuza común y la lechucita listada.

En el orden de las caprimulgiformes se encuentra un ave muy conocida en el Litoral: el urutaú. Es un pájaro de hábitos nocturnos y su nombre proviene del guaraní: «Quiero comer al pájaro urú». Es un ave de rapiña a la que otros grupos indígenas denominaban asimismo nabopenaga naga («Pájaros que soplan»), aludiendo a que en medio de su canto emiten una especie de resoplido parecido a un lamento humano. Ello ha dado origen a varias leyendas regionales.

El urutaú tiene el tamaño de un águila, con plumaje pardo-amarillento. Los ojos, negros y dorados, tienen la característica de que pueden ser cerrados sin mover las pestañas, ya que el ave posee una especie de membrana azulada que cubre completamente el ojo.

También es posible encontrar en la región a varios dormilones y atajacaminos: el cuieyo, el dormilón de vientre pardo, el pitaguá, el dormilón de cola larga y él dormilón chico.

En el orden de las micripodiformes están los vencejos y los picaflores. Estos son, sin duda, los pájaros más hermosos del Litoral argentino, provistos de un plumaje cuyos colores varían desde el verde esmeralda al rojo vivo.

Las alas presentan plumas colocadas como escamas, sobrepuestas unas a otras, y el zumbido que el picaflor provoca al volar no proviene de su canto, como se creyó erróneamente, sino del continuo batir de sus pequeñas alas, que cortan el aire. Dentro del orden de las trogoniformes, son propias del nordeste argentino el surucuá y el surucuá anaranjado. Las coraciformes comunes en el ámbito ribereño del Alto Paraná y primer tramo del Paraná Medio, están representadas por los martín pescador: grande, mediano y pequeño. También se los conoce con el nombre de «matraca», por el singular grito que emiten. Anidan en grietas de las barrancas y se aumentan de peces, valiéndose de su fuerte pico.

En el orden de las pisciformes se hallan los pájaros carpinteros, con pico recto puntudo y patas con dos dedos hacia atrás y dos hacia adelante. La fuerte cola les sirve de apoyo cuando construyen sus nidos en el hueco de los árboles. Son trepadores y se desplazan con suma rapidez por los troncos verticales, alimentándose de larvas, por lo que resultan reales y efectivos protectores de selvas y bosques. Son exclusivos en el Alto Paraná los carpinteros campestres de garganta negra, los de frente amarilla, los verde dorado, los verde real -cuyas preferencias son las maderas duras-, los de copete amarillo, el carpintero gigante y el manchado. Otras formas avanzan hacia distritos situados más al Sur, como el carpintero campestre de garganta blanca, el balanca o dominico y el de copete rojo.

Al mismo orden pertenecen otros pájaros de la región paranaense, como el jacamara o guainumbí, el Juan del monte, el aracarí y los tucanes: el grande y el de garganta roja, muy vistosos por su gran pico anaranjado. El primero habita el Alto y Medio Paraná y el segundo áreas más septentrionales.

El orden de las paseriformes o pájaros, está caracterizado por una configuración especial de la siringe que les permite emitir sonidos distintos a los de las otras aves. Es el más numeroso de todos, ya que en nuestro país existen 540 especies diferentes, de las cuales 310 tienen su habitat en territorio misionero, con las más variadas costumbres de vida, nidos y cantos. Gozan de la preferencia de todos los habitantes por ser muy útiles por su alimentación insectívora, que elimina muchas especies dañinas. La belleza de su plumaje y el canto son los otros atributos que explican la simpatía general hacia ellos.

Entre los más habituales en el área paranaense pueden mencionarse los trepadores grande y chico, que habitan selvas y montes, el picapalo de pico corto -frecuente en los montes chaqueños, donde se alimenta de arañas-, el zorzal, el encuruchado, el ticotico, la coluda, la borrarala, el chiflador, el renegrido, la ratona del monte, el correo, el bailarín, el papa-mosca, el siete colores o Santa Lucía, el benteveo de corona blanca, el birro, el pico chato, el ligerito, el ladrillito, el frutero coronado, el chopí, que instala su nido en los agujeros que hacen los carpinteros, etcétera.

Todas estas especies se encuentran en el Nordeste, mientras que en el último tramo del Paraná Medio e Inferior aparecen otras: el casero u hornero, que defiende celosamente su nido, el junquero, el benteveo, el crespín – de quien dicen los paisanos «que no se lo puede ver nunca ya que el canto siempre viene de lejos»-, el zorzal colorado, el dominó, el juan chiviro de las pajas, que habita en los pajonales chaqueños y pampeanos, el cardenal, el renegrido o morajú, el cardenal amarillo, el corbatita común, siempre presente en las llanuras pampeanas, el juan cola, el pijuí de vientre gris, la viudita roja, el churrinche y la brasita de fuego.

Por la originalidad de su canto son conocidos el tordo, que en bandadas brinda conciertos de trinos, la calandria y el admirable pájaro campana.

Invertebrados

La fauna de invertebrados en la región del Paraná es abundantísima y resiste todo intento de enumeración exhaustiva, en especial en las familias de insectos y arácnidos. De los 16 géneros existentes en la República Argentina, 10 son originarios del área paranaense, a los que deben agregarse otras especies de distinta procedencia, como el género Anopheles, con representantes transmisores de la malaria.

Entre los insectos más característicos del área nordeste pueden señalarse: la mosca llamada ura, verdadero azote de los animales domésticos, y la pulga denominada pique o nigua, que parásita en los dedos de los pies de los hombres y extremidades de las bestias. A ellos debe sumarse la garrapata de los vacunos, transmisora de la enfermedad conocida como «tristeza del ganado», que encuentra condiciones favorables para su desarrollo en el Paraná Medio y Superior.

Las hormigas más comunes son la hormiga corrección y la denominada hormiga minera. La primera, que se moviliza en forma de verdaderos ejércitos, constituye un peligro para hombres y animales de la selva, por su condición carnívora y el ensañamiento con que ataca a sus presas. La segunda es una de las mayores plagas de cultivos y sembradíos, a los que destruye totalmente. La hormiga león, insectívora, cumple a su vez funciones de limpieza en la selva, devorando a cuanto insecto —moscas, arañas, avispas— atraviesa los pozos cónicos en cuyo fondo vive.

Las hormigas cortadoras, del género Atta, son insectos dedicados al cultivo de hongos, realizado en cámaras especiales existentes en sus hormigueros, denominadas «ñongueras».

Los coleópteros incluyen el taladro, el gorgojo, las vaquitas —todas ellas consideradas plagas para la agricultura—, la cigarra o chicharra, y la vinchuca, portadora del mal de Chagas.

Entre los mosquitos, además de los del género Anopheles ya mencionado se encuentra el mbarigüí, de picadura sumamente dolorosa, que aparece generalmente durante las horas de luz natural, en determinadas épocas del año.

El alguacil gigante, confinado al distrito ribereño del Paraná Inferior, y numerosas variedades de avispas y abejas, completan la fauna de insectos de la región paranaense. Entre las avispas, la más temible es la avispa colorada, poco peligrosa, en virtud de la ínfima proporción de veneno que inocula cuando clava el aguijón, pero que provoca serias molestias al hombre. El camoatí o camuatí, con grandes nidos colgantes, es común en el ambiente isleño del Paraná Medio y deltaico.

La gran variedad de arácnidos de la región paranaense hace casi imposible su catalogación integral, pero pueden destacarse, entre los más característicos de todo el curso del Paraná, la denominada araña pollito, que agrupa a varias especies, la que pese a su aspecto amenazador no es la más peligrosa de su género; la araña del lino o viuda negra, pequeña y de color negro brillante con manchas rojas, que es la que posee un veneno más potente, que produce anualmente innumerables víctimas aunque excepcional-mente llega a ser mortal; su picadura afecta el sistema nervioso central, con dolores intensos, parálisis visceral, vómitos y síntomas paralelos.

Finalmente, abundan en toda la región paranaense las mariposas, entre las que pueden destacarse como más típicas las de alas policromas, desde las hermosas azules gigantes hasta la vistosísima y pequeña 88.

Las mariposas diurnas de la familia de los morphidae, de colores tornasolados, constituyen los ejemplares más hermosos de la zona misionera, donde puede encontrárselas durante casi todo el año, Estas mariposas suelen acercarse a los patios de las viviendas, sobre todo cuando en las mismas se encuentran recipientes con vino en fermentación. Los vahos les producen aletargamiento y es fácil entonces atraparlas. También se las ubica, durante el día, en los bananales, posadas en los frutos podridos.

La llamada «mariposa nacional» (morpho catenaria), tiene una distribución geográfica muy extendida. Se la encuentra a orillas del Paraná, desde Punta Lara, cerca de La Plata, buscando su alimento en las hojas de la «coronilla». Su hermoso color blanco-plateado, con un leve brillo azul, ha dado origen a su denominación popular.

Las orugas, con sus hermosos colores rojo y negro brillante, llaman la atención de los naturalistas. Tienen una sola generación y aparecen en Misiones en el mes de febrero, sobre todo en las cercanías de algunos saltos de agua, donde existe abundante humedad.

Los peces del Paraná

De acuerdo con la información existente, basada especialmente en la Clave de peces argentinos de agua dulce, de Ringuelet y otros, y sobre algunos otros trabajos sistemáticos publicados por separado, la fauna íctica del río Paraná estaría integrada, en territorio argentino, por unas 300 especies, agrupadas en distintas familias. Dado el elevado número de especies, se dará un primer enfoque sistemático de algunas de ellas, con su ubicación dentro de la respectiva familia.

Dentro del orden Characiformes y de la familia Tetragonopteridae, consideraremos en primer término los llamados «curimatinos», «sabalitos», «huevada» o «sabalitos plateados», peces de tamaño mediano, que pueden medir hasta 180 mm., de boca pequeña desprovista de dientes. Existen dentro del grupo varias especies que pueden distinguirse por el tamaño de sus escamas, por poseer una sierra ventral y por algunos de los radios dorsales prolongados en filamento.

Dentro de la misma familia se encuentra el «jikii» (Abramites solarii), que presenta el cuerpo bastante alto y comprimido, de perfil superior algo giboso, con visible concavidad sobre la cabeza, que es cónica y corta. Sus dientes son incisiformes, e inclinados como los de un roedor. El cuerpo, de color blanco plateado, presenta siete franjas verticales negras. Los espacios plateados que quedan entre esas fajas, dibujan la palabra «jikii». Se trata de un pez de acuario, muy vistoso por sus colores, que alcanza aproximadamente unos 55 mm. de longitud. Su alimentación es herbívora, pero en cautiverio, su régimen alimenticio se torna omnívoro. Se mantiene habitual-mente en posición oblicua, con la cabeza apuntando al fondo.

Un representante de la familia Erythrinidae es la «tararira», «tarango», «dentudo», «dientudo» o «tarucha», (Hoplias malabaricus malabaricus), un pez escamoso, de cuerpo alargado, de cabeza también alargada y deprimida, con la quijada inferior algo sobresaliente, y boca muy grande provista de una fuerte dentadura. La aleta caudal es redondeada y carece de aleta adiposa. Su color es castaño grisáceo en el dorso, más claro en el vientre. Los flancos están atravesados por una serie de cuatro a seis manchas pardo oscuras, en forma de V acostada, desde el ojo hasta los huesos operculares, generalmente en número de tres. Es una especie voraz, de aguas poco profundas con vegetación, donde se refugia y construye su nido. Es sin lugar a dudas un pez ictiófago (que se alimenta de peces), y depredador cuando es adulto. Puede alcanzar longitudes de hasta 700 mm. y su carne es apreciada.

Resultan interesantes, dentro de la familia Serrasalmidae, las conocidas «palometas» o «pirañas», pertenecientes al género Serrasalmus, cuyo comportamiento es agresivo frente a otros animales y aun frente al hombre.

Estos son peces de cuerpo comprimido y elevado, de contorno ovalado u orbicular, con escamas muy pequeñas y abdomen aserrado. La cabeza es fuerte, con la quijada inferior sobresaliente; poseen dientes en ambas mandíbulas, triangulares y de bordes cortantes. Pueden alcanzar longitudes de hasta 350 mm. Si bien en la literatura existente se citan varias especies de «palometas», las más conocidas resultan ser las siguientes:

Serrasalmus spílopleura, conocida también como «palometa mora» o «palometa brava». Este ejemplar presenta el perfil superior de la cabeza un poco cóncavo sobre los ojos, hocico romo y quijada inferior pesada y sobresaliente; los dientes están insertados en el paladar. La coloración varía en los individuos jóvenes y adultos. Los1 primeros tienen motas en los flancos, siendo las de la región dorsal más pequeñas y próximas. Los adultos tienen el dorso gris plomizo, algo dorado, y vientre amarillento, al igual que las aletas pares.

La «palometa mora» o «palometa de río», llamada también «pacusa» (Serrasalmus nattereri), se diferencia de la anterior por presentar su perfil dorsal regularmente arqueado, sin concavidad sobre la cabeza, que es ancha y ‘pesada, careciendo de dientes en el paladar. Su cuerpo es, en general, plateado, con las aletas, a excepción de las pectorales, de borde negruzco. En los flancos, especialmente, posee motas oscuras más o menos definidas.

Serrasalmus marginatus, llamada vulgarmente «palometa amarilla» al igual que la especie descripta en primer término, presenta dientes en el paladar, siendo su contorno menos orbicular que el de las anteriores, y el cuerpo algo más bajo; el perfil dorsal tiene una marcada concavidad sobre la cabeza. Esta es cónica, con el hocico aguzado, quijada inferior sobresaliente y muy oblicua, y boca amplia, con el maxilar que llega hasta el ojo.

Otro representante de la familia Serrasalmidae es el «pacú» (Colossoma mitrei). Su cuerpo, cubierto de escamas pequeñas y numerosas, es de contorno casi orbicular, poco comprimido, de perfil dorsal curvado, apenas cóncavo sobre la cabeza. El abdomen es aserrado en la línea media, con numerosos escudos. El color es pardo o plomizo madera, con reflejos dorados, y pequeñas manchas negras en los flancos. Las aletas son de color anaranjado vivo o rojizo; la anal y la caudal tienen, además, el borde negro. Se alimenta de crustáceos, vegetales, caracoles y peces menores. Puede alcanzar tallas de hasta 820 mm. y su carne es considerada excelente.

Dentro del orden Gymnotiformes, mencionaremos a dos especies pertenecientes a dos familias distintas: Gymnotidae y Rhamphychthyidae.

En la primera se incluye la «morena», «anguiya flecuda» o «anguiya» (Gymnotus campo), caracterizada por poseer cuerpo cilindrico en la parte anterior y comprimido hacia atrás, cubierto por escamas. La mandíbula inferior es sobresaliente y los dientes, cónicos, están dispuestos en una sola hilera en ambas quijadas. La aleta anal comienza poco más allá del extremo de las pectorales, y se extiende hasta casi el extremo del cuerpo. El pedúnculo caudal es muy reducido. El color de la morena es variable; frecuentemente posee bandas de color pardo castaño sobre fondo castaño claro, que atraviesan el dorso y descienden por los flancos hasta la base de la aleta anal. Alcanza dimensiones de hasta 1005 mm. Se alimenta de crustáceos y peces.

Como representante de la familia Rhamphychthyidae, citaremos a Ei genmannia virescens, conocida como «anguilla», «anguiya», «señorita» o «ratona». Es de cuerpo alargado y muy comprimido, terminado en un largo pedúnculo caudal cilindrico. La cabeza es pequeña, cónica, con hocico-corto y algo truncado, y boca pequeña. La aleta anal es larga y se origina a escasa distancia del origen de las aletas pectorales, comenzando detrás del ano. Es de hábitos carnívoros. Su coloración es amarillenta. Se encuentran ejemplares de hasta 420 mm. de longitud.

El orden de los Süuriformes, caracterizado por poseer el cuerpo desnudo, desprovisto de escamas, cuenta entre los representantes de la familia Ageneiosidae a los «manduvi», «manduvé», «mandubí» (especies del género Ageneiosus). Se caracterizan por poseer el cuerpo comprimido, de perfil dorsal y ventral ligera mente convexo, cabeza deprimida que se eleva bruscamente desde el occipucio (parte posterior de la cabeza) hasta la espina dorsal. Tienen grandes ojos laterales, dientes pequeños dispuestos en bandas, un radio espinoso en las aletas dorsal y pectoral, y barbillas óseas.

Las principales especies del género son: Ageneiosus brevifilis y Ageneiosus valenciennesi, ambas muy apreciadas por la calidad de sus carnes. La primera especie citada presenta el dorso plomizo, con manchas irregulares en la cabeza y el flanco, y vientre plateado. La segunda tiene color de fondo blanco, con manchas irregulares oscuras en la parte dorsal de la cabeza y del cuerpo, y la aleta caudal marginada de negro. No superan, por lo general, los 550 mm. de longitud. Otra familia dentro del orden de los Süuriformes la constituye la de los Pimelodidae, dentro de la cual se encuentran el «porteño», «porteñito», «bagarito» (Parapimelodus valenciennesi), el «manduvé cucharón» (Sorubimlima) y el «patí» (Luciopimelodus pati).

Parapimelodus valenciennesi, posee la cabeza más larga que ancha, deprimida en su mitad anterior, con ojos grandes en posición lateral, visibles tanto de abajo como de arriba. Posee barbillas y la boca es angosta, con una, banda de dientes poco numerosos. Su color es plateado plomizo claro, con reflejos azulados y vientre blanco. Es una especie que se alimenta fundamentalmente de plancton (organismos diminutos en suspensión). Tiene valor deportivo y alcanza dimensiones de hasta 250 mm.

Sorubim lima, de cuerpo bajo y alargado, cabeza muy larga y deprimida, de contorno anterior rectangular, y de ancho casi uniforme. La mandíbula superior sobrepasa a la inferior; los ojos son muy pequeños, de posición lateral, visibles tanto de abajo como de arriba. La aleta caudal tiene un profundo escote y lóbulos agudos. Su coloración es gris pardo, con el vientre plateado. Se alimentan de pececillos y crustáceos, y puede alcanzar dimensiones de hasta 470 mm.

Luciopimelodus pati, presenta la cabeza ancha y deprimida, especialmente en el hocico, aunque el perfil dorsal asciende regularmente hasta el comienzo de la aleta dorsal; está provisto de barbillas maxilares largas. La aleta adiposa es larga, y la caudal, profundamente ahorquillada con lóbulos puntiagudos, siendo el dorsal ligeramente más largo; las aletas pectorales y dorsales poseen radios blancos. Es de color plateado con reflejos gris azulados y manchas redondas. Sus dimensiones llegan hasta 900 mm.

Otra familia dentro del orden Siluriformes es Callichthydae, dentro de la cual se ubica el «quitasueño» o «tachuela» (Corydoras paleatus), especie pequeña, con los flancos cubiertos por dos filas de placas, el perfil dorsal arqueado y el ventral casi recto. La boca es subterminal y no forma ventosa. Es un pez oscuro; en los flancos presenta una serie de manchas irregulares; la aleta dorsal tiene dos bandas irregulares y, la caudal, cuatro o cinco bandas verticales cruzadas, también oscuras. La longitud alcanza hasta 80 mm. Dentro del orden Mugiliformes, citaremos como especie de interés al «pejerrey» (Basüichthys bonariensis), perteneciente a la familia Atherinidae.

Es un pez con escamas, de cuerpo esbelto, cabeza cónica y alargada; boca pequeña, con dientes pequeños y cónicos. Es de color amarillo cremoso, con una faja longitudinal plateada en medio del flanco. Se alimenta especialmente de plancton, aunque ingiere ocasionalmente caracolitos, insectos y vegetales. Es una especie de valor deportivo y sumamente apreciada por su carne.

Dentro de la familia Scianidae, perteneciente al orden Perciformes, se encuentran las «corvinas» o «curvinas» de los géneros Pacftyurus y Plagioscion. Se caracterizan por su perfil ventral casi recto y el dorsal arqueado en la región cefálica, haciéndose luego curvo y descendente, hasta originar un pedúnculo caudal estrecho. La boca es terminal, con dientes indiferenciados.

Tanto la cabeza como el cuerpo están cubiertos por pequeñas escamas. Estos peces pueden alcanzar tallas de hasta 300 mm.

La familia Achiridae resulta ser la única dentro del orden Pleuronectifarmes en las aguas argentinas, contando como representantes a los «lenguados» (especies del género Achirus). Los representantes de este grupo son peces de cuerpo aplanado, que viven recostados sobre el fondo, apoyados sobre su lado izquierdo, el cual no es pigmentado. El lado derecho o cara dorsal es pigmentado y presenta los dos ojos, con típicas escamas semicirculares. En el Achirus lineatus, el color es moreno oscuro, uniforme, o con 8 líneas verticales negruzcas, y las aletas presentan manchas oscuras. Habitan comúnmente en playas fangosas, y alcanzan una dimensión de hasta 150 mm.

El tigre del río

El dorado recibe muchos nombres a lo largo del Paraná: doradillo, pirayú, pez amarillo, mona, pez oro, tigre del río. Es el más representativo de la familia de los caracínidos, que constituyen los dos tercios de la fauna íctica de agua dulce, con 700 especies distintas, que incluyen al dorado.

Fue clasificado en 1840 por Cuvíer y Valenciannes, quienes Inducidos tal vez por la semejanza de su cuerpo con el de los salmones, lo bautizaron como Salminus maxillosus (del latín: Salmo: salmón; mino: menor), aunque el dorado, salvo su nombre científico, no tiene parentesco alguno con la familia de los salmones. Los peces caracínidos son temibles cazadores-carniceros, que habitan exclusivamente los cursos fluviales de América del Sur (desde Venezuela hasta el Río de la Plata, con excepción de la región chilena), y parte del África.

Dentro del género Salminus existen dos especies bien diferenciadas: brevidans y maxillosus, a los que en la pesca deportiva se conoce como «dorados comunes» y «dorados cabezones», conociéndose asimismo otras especies, que no habitan la cuenca paranaense, definidas como S. Affinis y S. Hilarri.

El cuerpo del dorado es largo y robusto, evidenciando adaptación a las correntadas fuertes. Llama la atención el pedúnculo caudal, ancho y vigoroso, como corresponde a un pez que no sólo es gran nadador sino que efectúa poderosos saltos fuera del agua. La aleta dorsal del llamado «tigre del río» está colocada en la mitad del cuerpo, erguida, con una estructura fuerte. Pero sin duda, la belleza del dorado se encuentra en la coloración de su piel, recubierta de grandes escamas, que lo distingue entre todos los peces que habitan el Paraná.

Para pescar este pez tan fuerte no sólo hay que contar con elementos adecuados sino también con conocimientos elementales sobre su habitat.

Entre los meses de agosto y septiembre, cuando la primavera llega al Litoral, con aguas tibias, el dorado se concentra en la confluencia de los ríos Paraná y Paraguay (Paso de la Patria-EI Cerrito) y sus zonas cercanas (Itatí, Puerto Corazón), encontrándose hasta noviembre en la misma zona, navegando en aguas cercanas a Posadas y otros puertos misioneros. Esto coincide con la bajante de las aguas en el sistema hidrográfico del Alto Paraná y con la concentración de grandes cardúmenes de sábalos en la región. El sábalo es el principal alimento del dorado, y de su presencia dependen la supervivencia no sólo del dorado sino de otras especies.

La pesca del dorado asume los contornos de una aventura, debiendo tenerse en cuenta que se trata de un pez carnicero, que persigue a sus presas con encono y las devora con glotonería, usando de su velocidad, que según algunos observadores alcanza hasta 115 kilómetros por hora, en su ataque al pez perseguido. Entre los meses de septiembre y octubre, se utilizan carnadas artificiales para su pesca, aprovechando la transparencia de las aguas del Paraná en bajada. Eso hace que el dorado no sólo escuche el ruido del señuelo o cuchara al ser arrastrado, sino que también lo vea y ataque. Cuando el agua está sucia o barrosa, se utiliza carnada viva, siendo la morenita la preferida en la costa chaqueña y el filet de sábalo en la costa correntina y misionera. Del mismo modo, carnadas diversas se utilizan a lo largo del curso.

El trolling es un método de pesca del dorado que consiste en arrastrar una carnada artificial desde una embarcación en marcha lenta. En este sistema prima la habilidad del timonel sobre la del pescador. El espinning consiste en el lanzado ligero de una carnada artificial liviana desde un lugar firme, y con movimientos de caña y reel, hacer que esa carnada artificial cobre vida. Pero el sistema usual es el que se denomina pesca «a pindá», «a camalote» o «a la deriva». Es una pesca de espera: el pescador deja que su embarcación sea arrastrada por la corriente y, mientras aguarda el pique, que se vale de carnada viva, puede observar el paisaje ribereño de las costas del Paraná.

Anualmente, entre los meses de julio y noviembre, los amantes de la pesca deportiva de todo el país -e incluso de países extranjeros-, inician lo que podría denominarse una verdadera «peregrinación» hacia determinados lugares del río Paraná Paso de la Patria, Empedrado, Itatí, Puerto Corazón y Apipé en Corrientes; El Cerrito y Puerto Bermejo en el Chaco, y Posadas, Corpus, Montecarlo y El Dorado en Misiones, en procura del pique del «tigre del río».

Tipos o grupos ecológicos o biológicos

El conocimiento del habitat de los seres vivos y de las relaciones que ellos tienen con los factores físicos, químicos y bióticos que caracterizan su ambiente, es el objetivo de una rama de las ciencias llamada Ecología. Los peces de agua dulce manifiestan estrechas correlaciones, lo mismo que otros organismos acuáticos, con la temperatura, transparencia o turbidez del agua, contenido de detritus, cantidad de sales solubles y otros factores del medio.

Atendiendo al habitat que frecuentan, a la conformación peculiar que poseen y a su comportamiento, es posible diferenciar, entre los peces de aguas continentales, varios tipos o grupos ecológicos o biológicos. Algunos de estos tipos demuestran una adaptación manifiesta entre forma y función con el habitat, como es el caso de los peces de respiración aérea, que viven en esteros faltos de oxígeno. Estos grupos biológicos se manifiestan tanto en la forma del cuerpo, como sucede en las «rayas» que viven en el fondo, como en su régimen alimentario, costumbres, etcétera.

Entre los peces de fondo, se cuenta el grupo de «rayas» o Rajiformes, habitantes de los fondos con limo, limo y arena, o bien pedregosos, que comen crustáceos, moluscos y otros animales de esos lugares.

Su cuerpo está conformado para vivir en ese ambiente: es un disco achatado y redondeado, con una cola estrecha terminada «n filamentos, que en algunos casos está provista de espinas irregulares en la superficie superior, y con un dardo bien desarrollado. El disco presenta dos caras enteramente distintas: la superior, que lleva los ojos y espiráculos (por donde entra el agua para la respiración), que es muy coloreada, y la cara inferior, donde se encuentra la boca, pequeña, transversal, los orificios de la nariz, aberturas branquiales, y que es casi o totalmente incolora. Esos colores contrapuestos indican, claramente, su modalidad normal en cuanto a la posición del animal respecto del sustrato. La coloración de la cara superior es variable según las especies: a veces se presenta el disco con retículos de mallas poligonales, u ocelos redondos, amarillos con borde negro, o bien manchas pequeñas, redondas, muy próximas entre sí, de color ocre. El tamaño es variable, pudiendo alcanzar más de un metro de longitud total.

Dentro de los peces de fondo podemos citar también a los Loricariformes, que comprenden muchas de las llamadas «viejas del agua» y similares, las que tienen el cuerpo enteramente cubierto por placas óseas, superficie ventral aplanada, y superficie dorsal más o menos angulosa o curvada, de modo que la sección del cuerpo es aproximadamente un triángulo. Poseen barbillas más o menos cortas y la boca configurada en una amplia ventosa. Los componentes de este grupo ecológico son los representantes del género Plecostomus, llamados «viejas del agua», que tienen el cuerpo relativamente alto y ancho y el pedúnculo caudal lateralmente comprimido y alto; y los del género Loricaria, con el cuerpo más aplanado, pedúnculo caudal largo, y la cola hendida, en donde el lóbulo superior se prolonga, a veces, en un filamento.

En especies de este último género, la incubación de los huevos es realizada por los machos, quienes los transportan en cavidades situadas en repliegues de la porción posterior del labio inferior.

Estos peces prefieren aguas tranquilas y poseen régimen iliófago (comedores de fango), aunque a veces son omnívoros. Pueden alcanzar tallas de alrededor de los 600 mm. Otros habitantes del fondo son los Calíctidos y las llamadas «anguilas» del género Symbranchus.

En el primer grupo se encuentra el «cascarudo» (Callichthys callichthys), con el cuerpo recubierto por placas óseas dispuestas en dos series laterales, que se ponen en contacto, en mitad de cada flanco, en una línea en zigzag. Poseen la cabeza deprimida, de superficie lisa. La coloración varía de gris oscuro a negro, con aletas punteadas o lisas. Su régimen es omnívoro y pueden alcanzar tallas de alrededor de los 180 mm. Es una especie apta para acuario, por sus hábitos tranquilos, y reviste valor deportivo.

En el segundo grupo, el de las llamadas «anguilas», encontramos al Symbranchus marmoratus, de cuerpo desnudo, rollizo, más o menos cilíndrico, algo más ancho que alto, que se afina progresivamente hacia atrás. Son de color variable, pero lo más común es el dorso castaño pardusco y el vientre castaño claro, con motas pequeñas de distinta intensidad y tamaño. Se alimentan de pececillos y crustáceos. Acostumbran enterrarse en el fango del fondo.

Ubicamos también en este grupo a los «armados» de la familia Dorodidae. Entre otros podemos mencionar al «armado común», «armao» o «armado rubio», que presenta cabeza de contorno redondeado, boca terminal, ancha, provista de una banda de pequeños dientes, barbillas simples, y ojos muy pequeños. Su régimen es omnívoro, alimentándose especialmente de frutas silvestres, crustáceos, moluscos y otros diversos animales y vegetales. Es una especie de valor económico, pudiendo alcanzar tallas de alrededor de 700 mm. La coloración es pardo amarillenta, con el vientre más claro.

El «armado chancho» difiere del anterior por su hocico prolongado, con boca sin dientes, provista de labios gruesos y cortas barbillas. El color es marrón negruzco. El tamaño y el régimen alimentario son similares a la especie anterior.

Un tercer grupo biológico es el de los peces frecuentadores de fondo. En ambientes con vegetación, de fondos blandos y, en general, de escasa corriente, en donde encuentran su principal alimentó, viven diversos Siluriformes. E8. tos peces, que se pueden calificar de tipo «bagre», presentan distintas modalidades y están muy bien ejemplificados en el grupo de los Pimelódidos los cuales tienen una faz ventral aplanada y casi incolora y la dorsal curvada, más o menos elevada. Algunos son más deprimidos, como el «bagre sapo», con la cabeza más achatada y la boca más amplia, y se encuentran otros más altos y de boca más estrecha como las especies del género Pimelodus.

El «amarillo», «bagre amarillo» (pimelodus clarias), es un representante muy abundante de los bagres de agua dulce. Su piel es totalmente desnuda Posee tres pares de barbas y el perfil es recto y elevado en la cabeza, desde el hocico hasta la aleta dorsal. La boca está provista de dientes diminutos en ambas mandíbulas. Las aletas dorsal y pectoral poseen radios espinosos. Los ejemplares típicos presentan el cuerpo de color amarillento dorado, con manchas oscuras dispersas sobre toda la superficie, y el vientre blanco. Su régimen alimentario es omnívoro. Alcanza dimensiones de hasta 400 mm.

El «moncholo», «bagre blanco» o «bagre moncholo» (Pimeíodus albicans), difiere del «amarillo» por su cabeza grande y proporcionalmente baja, con barbillas maxilares largas. Su cuerpo es de color plomizo o plateado, con una serie de franjas pardas longitudinales en los flancos, siendo las partes ventrales de color blanco amarillento uniforme. Su régimen alimentario es omnívoro y prefiere los fondos fangosos y con vegetación, a las aguas abiertas y correntosas. Alcanza longitudes superiores a las de la especie anterior.

En el río abierto, de aguas libres, son típicos los Characiformes depredadores, peces nadadores y veloces, que efectúan migraciones regulares de gran alcance. Este tipo biológico de peces depredadores de río abierto, se caracteriza por su cuerpo comprimido, de cabeza compacta y fuerte, escamas regulares, aleta caudal ahorquillada y potente dentadura caniniforme. Son ictiófagos y generalmente agresivos, perseguidores de cardúmenes. Ejemplos característicos son el «dorado» (Salminus maxillosus),, el «pirapitá» (Brycon orbignyanus) y los grandes «dientudos».

La primera de las especies mencionadas, es un pez con escamas, de cuerpo robusto y boca grande, provista de dientes cónicos en dos series regulares en cada quijada. El opéculo se presenta estriado, en forma radial, muy característica. La aleta caudal es típica por los lóbulos poco salientes. La coloración es característica, siendo dorada en la mayor parte de la superficie del cuerpo, con punteado negro en las escamas del dorso y los flancos; aletas de color naranja vivo, presentando la caudal, los radios medios sobresalientes oscuros. Suelen distinguirse en los ejemplares machos, en época de reproducción, unas típicas espinillas sobre los radios de la aleta anal.

Es un pez que reviste gran interés desde el punto de vista deportivo, así como también por la bondad de su carne, muy cotizada en los mercados. Puede alcanzar gran desarrollo, habiéndose registrado ejemplares de más de un metro de longitud total, con 24 Kg. de peso. Los individuos de menos de 5 Kg. son denominados «mona» o «mónita».

Brycon orbignyanus, llamado también «salmón», «salmón criollo», o «salmón del Paraná», posee el cuerpo alargado y medianamente comprimido, cabeza pequeña y ancha y boca amplia, con fuerte dentadura. La coloración es amarilla, con el dorso verdoso. ‘,a aleta caudal es de color rojo vivo, y las ventrales blanco amarillento, con el margen posterior rojizo. Cada escama tiene un punto pardo o negruzco. Es de régimen omnívoro, con preferencia por los vegetales. Alcanza tamaños de hasta 600 mm.

El «dentudo», «machete», o «chafalote», es un pez de cuerpo alargado y muy comprimido lateralmente, con el perfil dorsal casi recto y el ventral aquillado, conservando casi la misma altura en toda su longitud, lo que ha originado su nombre popular de «machete». Tiene boca oblicua, con grandes caninos inferiores. El cuerpo está cubierto de escamas muy pequeñas. Alcanza longitudes de hasta 800 mm. pero, pese a .ello, no se utiliza como alimento por la gran cantidad de espinas que tiene. El color es plateado, más oscuro en el dorso.

Uno de los dientudos más comunes y voraces del río Paraná es el conocido como «dientudo paraguayo» o «perro colorado». De cuerpo alargado y comprimido, cubierto por numerosas escamas diminutas, tiene el hocico muy agudo y la quijada superior sobrepasa francamente a la inferior, con una sola hilera de dientes caniniformes de tamaño variable. La coloración es amarillo dorada, con las aletas anal y caudal rojizas. Se alimenta de pececillos y puede alcanzar dimensiones de hasta 260 mm.

Como grupo especial dentro de los ictiófagos de río abierto, se consideran a los Suurífornifís, entre los cuales pueden citarse como representantes típicos los «surubíes» (Pseudoplatysto-macoruscan y Pseudoplatystama fasciatum), y el «manguruyú» (Paulicea Lütkeni). De constitución básica similar a la de los «bagres», su residencia normal y costumbres alimentarias los sitúan en un lugar aparte.

Uno de los peces de mayor talla que habita las aguas dulces del país, es Pseudoplatystoma coruscans, conocido vulgarmente con los nombres de «surubí», «surubí pintado», «surubí manchado», y «cachorro» (ejemplar joven).

De piel desnuda, cuerpo largo y redondeado, se caracteriza por poseer una cabeza grande, achatada, provista de ojos relativamente pequeños. La boca es amplia y terminal, destacándose la quijada superior, que sobrepasa a la inferior. Resultan asimismo características las barbillas típicas del grupo. La coloración es amarillento pardusco, claro en el dorso, y casi blanco en el vientre; las máculas que se encuentran en el cuerpo y las aletas son de color pardo rojizo.

Tal especie resulta típica en los cauces grandes y a profundidades máximas, pero de noche suele introducirse en cursos de agua secundarios.

Pseudoplatystoma fasciatum, conocido como “rollizo”, surubí atigrado”, y «cachorro» (individuos jóvenes), resulta bastante similar a la especie anterior, diferenciándose por su coloración pardo oliva; con trece o catorce bandas transversales oscuras que llegan al vientre, y las aletas de color pardo claro con manchas redondeadas.

El «manguruyú» (Paulicea lütkeni), es un pez rollizo, grueso, deprimido y de cabeza muy ancha y baja, provisto de barbillas cortas. La boca es ancha, con la quijada superior sobresaliendo ligeramente, y dientes maxilares. Los adultos son de color café marmóreo grisado; los individuos jóvenes, en cambio, tienen color de fondo gris amarillento, con manchas oscuras vermiculares y en forma de U o de C, especialmente en el dorso y en la aleta adiposa. Las aletas están manchadas de negro. Es el pez de mayor tamaño de las aguas dulces de la Argentina, pudiendo alcanzar alrededor de dos metros. Es de régimen ictiófago y su presencia resulta poco común.

En aguas quietas, con vegetación, existe un mundo variado de peces entre los cuales pueden diferenciarse varios conjuntos ecológicos. Uno de ellos es el de peces pequeños, de régimen carnívoro, que se alimentan de pequeños invertebrados (crustáceos, larvas y adultos de insectos), larvas de peces y pececillos. Son las vulgarmente llamadas «mojarras» y «mojarritas». Presentan por lo general el cuerpo comprimido, la aleta caudal ahorquillada, boca anterior y dientes dispuestos en una o dos hileras, en ambas mandíbulas. Poseen coloración diversa: en muchas de ellas es característica una banda plateada a lo largo de los flancos, y en otras son típicas las aletas coloreadas, especialmente en rojo y amarillo, así como también las manchas redondeadas en la parte superior del opérculo y en la base de la aleta caudal.

Otro conjunto ecológico es el de las formas omnívoras y herbívoras, entre las cuales pueden mencionarse las «bogas» y las «lisas». Poseen en general cuerpo do sección ovalada o redondeada, de poca altura, escamas grandes y bien implantadas y son, por lo común, de hábitos sedentarios.

Una de las especies más conocidas de «bogas» es Leporinus obtudidenss, que presenta el cuerpo moderadamente alargado y grueso, y boca pequeña, provista de labios muy desarrollados y dientes característicos, incisiforrnes, ubicados en una sola hilera, tanto arriba como abajo. El color de los adultos es gris verdoso, con tres manchas oscuras redondeadas en la mitad del flanco. En individuos jóvenes y pequeños estas manchas se superponen a una serie de ocho barras verticales, gruesas, entre el dorso y la espina lateral. Es un pez de talla moderada, pudiendo alcanzar alrededor de los 450 mm. de longitud Su régimen es omnívoro.

Dentro del género Schizodon, resulta común la «lisa», o «boga lisa» (Schizodon fasciatum fasciatum), cuyo aspecto externo resulta muy similar al de la «boga», pero su cabeza es cónica y alargada, con boca terminal provista de ocho dientes en cada quijada. El color es blanco mate plateado, con cinco bandas verticales oscuras que llegan al vientre, más o menos borradas en los ejemplares adultos. Alcanza menor longitud que la especie anterior. Su alimentación está basada en vegetales. Debe señalarse que los individuos medianos y grandes de «sábalos», «bogas» y «lisas», habitan los grandes espacios de los ríos, coincidiendo su habitat con el de los grandes depredadores («surubí», «dorado», etc.) a los cuales sirven de alimento.

El «sábalo» o «pescado» (Prochilodus platensis), es una especie muy abundante en el Paraná Medio. Presenta cuerpo comprimido, más o menos alto, cubierto de escamas grandes. La cabeza es gruesa, de perfil algo cóncavo en el occipucio. La boca es circular, con labios provistos de numerosos dientes diminutos. La coloración se presenta gris verdoso, más oscuro en el dorso, aclarándose hacia el vientre que es amarillento blancuzco; aletas gris amarillento sin manchas en el adulto. En individuos jóvenes, pueden observarse barras verticales en los flancos y motas oscuras en la aleta dorsal, con el borde de ésta y de las aletas anal y caudal, rojizo. Generalmente no supera los 600 mm. Se industrializa para la producción de aceite y guano en las llamadas «sabalerías».

Finalmente, los «chanchitos» (diversas especies de los géneros Geophagus, Cichlaurus, Aequidens) y los «San Pedro» (Crenicichla saxatilis), constituyen un destacado grupo biológico de aguas quietas y con vegetación. Tienen forma más o menos ovalada o alargada, extensa aleta dorsal, aleta caudal truncada o redondeada y coloración muy típica y variada. Casi siempre presentan una mancha oscura en el flanco, otra más pequeña en la base de la aleta caudal y barras transversales en los flancos. Son de régimen carnívoro, con dentadura bien desarrollada.

Resulta notable, asimismo, el tipo biológico de los peces «voladores», como el «pechito» o «chirolita» (Thoracocharax stellatus), que habita aguas tranquilas, cerca de la superficie, y es capaz de salir fuera del agua merced al rápido movimiento de las aletas pectorales, movimientos que realiza muchas veces para huir de sus agresores. Su cuerpo es muy comprimido y toda la superficie inferior, desde la cabeza a la aleta anal, parece una hoja curva y cortante, a modo de la quilla de una embarcación. Visto de frente, el pez aparenta una V muy cerrada o estrecha, sobresaliendo de cada lado las aletas pectorales.

Otro tipo biológico interesante es el de los peces hematófagos o parásitos, pertenecientes a la familia Pygidiidae. Se adhieren a las branquias y mucosas de otros peces, de cuya sangre se alimentan por medio de órganos bucales adaptados para ese fin. Son pequeños, carecen de escamas y tienen una conformación anguiliforme. Algunos representantes de esta familia son los llamados «camarones»

Los peces anuales, llamados así por su habitual longevidad de un año o poco menos, están adaptados a medios de agua dulce, como lo son las charcas, es decir, ambientes de reducidas dimensiones y escasa profundidad, que permanecen secos durante parte del año, estando su ciclo de vida en relación y en estrecha adaptación con el ciclo del ambiente. Cynolebias es el representante más destacado de este tipo de peces anuales. Producen huevos resistentes que soportan la desecación, y durante ese período tiene lugar el desarrollo del embrión. Al ingresar nuevamente el agua a las charcas, los embriones rompen la membrana del huevo y se incorporan al medio acuático. Estas especies, de vistoso colorido, presentan dimorfismo sexual acentuado, respecto a tamaño, forma y color del cuerpo, así como también en cuanto a forma y número de radios de las aletas.

Dentro de los peces «vivíparos» se encuentra el grupo de las «madrecitas», de pequeño tamaño, que no sobrepasan generalmente los 100 mm. Presentan dimorfismo sexual, siendo los machos más pequeños que las hembras. Aquéllos poseen la aleta anal modificada como órgano copulador. Resultan típicos en cuanto a su reproducción. Su fecundación es interna y los pececillos nacen vivos, perfectamente aptos para su supervivencia en el medio. Se alimentan de pequeñísimos crustáceos acuáticos y larvas de peces, y aun de peces de pequeño tamaño. Las especies más conocidas de este grupo pertenecen al género Jenynsia.

Migraciones de peces en el río Paraná

El fenómeno representado por las migraciones de peces, constituye un aspecto de la biología acuática que ha concitado, desde hace años, la atención del hombre, tanto por sus proyecciones en el campo de la economía pesquera, como por el conjunto de problemas biológicos que plantea.

Muchos de los peces que viven permanentemente en las aguas dulces, realizan migraciones de importancia entre distintos tramos de los ríos en que viven, y sus desplazamientos, además de constituir un proceso de características singulares, plantean, a la vez, interrogantes de gran complejidad.

La gran mayoría de los peces realiza desplazamientos temporarios o circunstanciales, de magnitud variable, que deben ser distinguidos de los simples desplazamientos locales. En generarse habla de peces migratorios cuando se hace referencia a los que efectúan desplazamientos periódicos o continuos, derivados de fenómenos vitales, y por lo menos durante un período de su vida, distinguiéndose de aquéllos cuyos movimientos, mucho más restringidos, se operan dentro de áreas limitadas, respondiendo a otros factores del ambiente, tales como temperatura, variaciones diurnas o estacionales de la luz, etcétera.

En términos generales, y atendiendo a los factores más notorios, podemos considerar varios tipos de migraciones en aguas de nuestros ríos, entendiendo que ellas pueden combinarse o superponerse en grado variable: a) migraciones de reproducción; b) migraciones térmicas o estacionales; c) migraciones de nutrición; d) migraciones de crecimiento, y e) migraciones debidas a fenómenos especiales, tales como  las variaciones del nivel de las aguas.

En general, los mayores desplazamientos se deberían a factores reproductivos o térmicos, o a ambos combinados, en tanto que las migraciones de nutrición parecerían estar en estrecha dependencia con las anteriores.

Los métodos de trabajo para el estudio de las migraciones de los peces, pueden reducirse a los siguientes: el indirecto, que consiste en el análisis de una serie de observaciones biológicas y biométricas y de estadísticas de pesca, que informan acerca de las distintas etapas del desarrollo de los individuos extraídos dentro de las áreas que cubren en sus desplazamientos, períodos de concentración y dispersión de las poblaciones; y el directo, que consiste en marcar a los peces extraídos al efecto, mediante uno de los tantos procedimientos de uso común que son ensayados con este fin, estableciendo la trayectoria cubierta y las diferencias observadas entre el momento de la liberación y su recaptura.

Los procedimientos o técnicas de marcación son muy variados, dependiendo de muchas razones, entre otras, de los alcances de los datos que se quieran obtener. En su expresión más simple, la marca puede consistir en señalar a un conjunto de peces de un modo determinado. Suele usarse para esto la coloración, o la mutilación de algunas de sus aletas. Pero de esta manera, sólo pueden obtenerse conclusiones generales y no individuales. Para esto último, se hace necesario identificar a cada uno de los peces con una marca determinada, que lleve incluido un mensaje clave. Tales marcas constan, por lo común, de un número de identificación, y una leyenda que explica los fines perseguidos por estos estudios y los datos que se recaban al capturar el pez. Generalmente se agregan algunas indicaciones sobre gratificación, para asegurar la devolución de las mismas con las informaciones solicitadas.

Este tipo de marca resulta práctico y útil. Consiste, en esencia, en un cilindro plástico de unos 5 mm. de diámetro y 35 mm. de longitud, construido en acetato de celulosa, o bien sobre matrices, con el empleo de poliestireno. Dentro del tubo se incluye un mensaje arrollado, con un número visible (gracias a la transparencia del material), que sirve de identificación al ejemplar marcado, acompañándose, además, con las instrucciones del caso para que, quien capture el pez, proceda a la devolución del mensaje con los datos requeridos. Uno de los extremos de esta marca posee un orificio por donde se inserta un hilo de nylon de 0,5 mm. de diámetro, uniéndose los dos extremos del hilo mediante un doble nudo. Este hilo de nylon, que mide aproximadamente 36 cm. de longitud total, ha de ser el que fija la marca en el pez, preferentemente en el dorso y por delante de la aleta dorsal. Para la colocación de la marca se emplea una aguja, cuyo tamaño varía de acuerdo con la talla del pez, y una vez pasado el hilo a través del cuerpo del mismo, se procede a anudarlo en forma tal que quede firmemente adherido, aunque con cierta holgura respecto del cuerpo, para impedir que le ocasione lesiones en su crecimiento.

La técnica de marcación desarrollada es bastante sencilla. Los peces son capturados mediante trasmallos o redes de variado tipo, para ser depositados en recipientes metálicos, de plástico o lona, con agua obtenida del mismo ambiente en que son capturados, y llevados al lugar donde se efectuará la marcación.

En algunas oportunidades resulta conveniente la construcción de un cercado, que se arma con redes o alambre de tejido, en la proximidad de los lugares donde se opera, para depositar los peces si debe mediar un tiempo entre los procesos de captura y marcación. Debe tenerse en cuenta en este caso, que el hacinamiento y desasosiego de los peces así encerrados conduce frecuentemente a la pérdida de ejemplares, si la permanencia de los mismos se prolonga por mucho tiempo.

Para proceder al marcado propiamente dicho, el pez es sostenido en la batea con agua por un auxiliar, forzándolo con ambas manos a curvarse un poco. De esta manera se facilita la tarea del operador, quien una vez fijada la marca en la forma descripta, mide el pez y eventualmente toma muestras de escamas, establece su peso, sexo, estado de madurez sexual cuando es factible, etc., para volverlo inmediatamente a las aguas. Este trabajo debe ser realizado en la inmediata vecindad del agua, o bien dentro de ella, en sitios apropiados, o sobre embarcación, tratando de emplear el menor tiempo posible en las operaciones.

Los datos sobre lugar y fecha de marcación, así como cualquier otro de interés, son volcados en planillas. Al recibir una marca en devolución, los datos requeridos se consignan en fichas, para facilitar el examen e interpretación de los mismos.

Análisis de algunas migraciones

El «sábalo» se acumula, durante los meses de mayor temperatura, en el Río de la Plata, donde es objeto de una activa explotación, a los efectos de la obtención de aceite y harina de pescado, en escala industrial.

Al término  de los  meses de verano (febrero y marzo), comienza a producirse la desconcentración de los cardúmenes, que van retornando a las aguas del río Paraná y río Uruguay, debiendo advertirse que gran parte de los individuos presentan indicios de una variable pero evidente preparación de los órganos sexuales para el desove. Este tipo de migración correspondería a factores reproductivos. Con las primeras manifestaciones de descenso térmico, tales concentraciones desaparecen casi por completo.

Conforme con la información de las marcas recuperadas, los peces marcados en el Río de la Plata a comienzos del mes de marzo, aparecen ya en el límite del Paraná Medio e Inferior en abril, mayo y junio, y siguen aún más arriba, hasta alcanzar un tramo más o menos variable del Paraná Medio. Si bien mediante las marcas devueltas es poco lo que se puede decir acerca de la evolución de dichos individuos, no parece existir duda acerca de que la culminación de la actividad sexual es responsable, en gran parte, de tales desplazamientos. Pero las diferencias de temperatura que se registran entre las aguas del Río de la Plata y el Paraná Inferior y Medio (que alcanzarían a unos 5° aproximadamente), justificarían también la existencia de una verdadera migración térmica. Cabe señalar, además, que no todos los ejemplares recorren distancias tan grandes (más de 500 Km.) sino que, según los datos recogidos, parecería que los cardúmenes van perdiendo una parte considerable de los individuos que los integran, que se desvían hacia los cursos menores a medida que ascienden, a los efectos de la puesta o en la búsqueda de aguas más templadas.

A su vez, los «sábalos» marcados en el límite del Paraná Medio e Inferior a comienzos de primavera, se dirigen hacia el Sur en gran parte y aparecen en el Río de la Plata a fines de dicha estación, en tanto que, por el contrario, otros siguen remontando las aguas a los efectos de la reproducción, aun en los meses de octubre, noviembre y diciembre. Es decir, que en un momento dado (fin de agosto, comienzos de septiembre), se encuentran mezclados en los límites del Paraná Medio e Inferior, cardúmenes que siguen direcciones opuestas, de los cuales, unos descienden, a fin de posibilitar el desarrollo de una activa alimentación posterior al desové, favorecidos por el incremento de la temperatura, en tanto que otros se dirigen aguas arriba, a los efectos de la reproducción, para, a su vez, descender posteriormente cubriendo un tramo variable, o alcanzar el Río de la Plata.

Los fenómenos migratorios de esta especie parecen ser similares a los que se producen en otras especies, que constituyen, precisamente, las de mayor talla y valor económico, aunque sujetas a considerables variaciones particulares en lo que se refiere a extensión del recorrido, lugares de concentración, e incidencia de los estímulos comentados. Entre ellos pueden citarse al «surubí», al «dorado», al «pacú» y al «moncholo», entre los más conocidos.

A diferencia de estas especies, marcadamente migratorias, se hacen presentes otras donde la tendencia aparece como algo menos clara y definida. Tal es el caso del «amarillo» y de la «boga», cuyas poblaciones parecen mantenerse poco activas durante todo el año o gran parte de él, acusando lentos y progresivos desplazamientos, bien aguas arriba o bien aguas abajo, hasta alcanzar, en algunos casos, los 500 Km. Aquí parece existir un comportamiento muy distinto, que guardaría relación con la talla y edad de los ejemplares. Los pequeños y los de mediana talla son los que muestran una menor disposición a efectuar grandes desplazamientos. En cambio, los ejemplares mayores de 35 cm., en general, son los únicos que en el caso del «amarillo» y la «boga», acusan la realización de una migración aguas arriba, de cierta envergadura. Tales migraciones, en forma general, responden al tipo de la del «sábalo».

Un tercer caso, que resulta un tanto distinto al de las especies ya consideradas, es el de la «tararira», la que pese a haber sido marcada en proporciones bastante elevadas, con buenos resultados de recapturas, nunca acusó un registro de desplazamiento superior a los 50 Km., debiendo destacarse que los ejemplares de mayor talla fueron los que lograron los mayores registros.

En consecuencia, cabe expresar que la mayor parte de las especies de valor económico realizan importantes desplazamientos, vinculados con diversos factores de distinta influencia, los que pueden superponerse cronológicamente.

Además, no faltan las especies que sólo parecen efectuar desplazamientos de importancia después de haber alcanzado una talla considerable, existiendo aun aquellos cuyos movimientos aparecen como muy restringidos durante toda su vida, y que pueden considerarse como típicamente sedentarios.

Fuente: «Paraná, el pariente del mar» 

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