Santa Ana: Apuran la reactivación del viejo puerto

Aquel puerto que una vez supo ser el motor de la región hoy apenas es visitado por algunas barcazas areneras. Atrás quedaron los diez, quince barcos que por día atracaban en el viejo Santa Ana en busca de pasajeros, yerba y demás productos regionales para atravesar el río Paraná y llegar a Buenos Aires. Hoy no quedan más que recuerdos en los ojos de aquellos pobladores que de pequeños veían a sus padres y abuelos labrar la tierra y llevar en las espaldas grandes bolsas de yerba mate hasta el puerto.   

Antonio Felipe Bermüller creció al lado del río. Vio y formó parte de aquel movimiento constante de las épocas doradas, cuando Santa Ana era la puerta de la provincia al resto del país y el mundo. Con tristeza, relató las nostalgias del pueblo que supo prosperar, y del cual hoy no quedan más que cenizas y fotos en blanco y negro.

No obstante, una esperanza aún se rescata respecto a la actividad portuaria. Se trata de los nuevos proyectos que el gobierno de la provincia, a través del Ministerio de Industria, tiene pendientes. Entre otras cosas, se proyectan nuevas bases de infraestructura para la puesta en valor del puerto de Santa Ana, a fin de convertirlo en una estación de salida y entrada de granos, arena y otros productos. Incluiría un puente de embarque mecanizado, una playa para camiones, un playón de embarque, oficinas, balanza y otros elementos para el funcionamiento adecuado.

La puerta a la industria

El puerto de Santa Ana es uno de los más antiguos del río Paraná, fundado en el siglo XVII, dependiendo de Corrientes. Luego de la guerra con el Paraguay se potenció con la explotación primero de yerba mate y luego con caña de azúcar.

“En el puerto se hacían los depósitos, se traía la yerba canchada de toda la provincia, hacían cola los camiones para dejar las bolsas que los estibadores llevaban en las espaldas hasta los barcos. Eran bolsas de 50 kilos, un trabajo increíble”, recordó Bermüller.

Como era la principal vía de comunicación con el mundo, alrededor de 1935 comenzó a funcionar con mayor intensidad. En coincidencia, José María Silveira Márquez, juez de paz hace 42 años en Santa Ana e hijo de pioneros de la zona, contó que “el puerto funcionaba con muchísima capacidad; cuando tenía 14 años me acuerdo que viajé en un barco de tres pisos a Iguazú, se llamaba Ciudad de Corrientes, venía y buscaba a los pasajeros y se iba río arriba, era alucinante”.

Una de las particularidades es que a pocos metros de la costa hay profundas aguas, lo que no es común en el resto de los puertos de la tierra colorada.

Tan reconocido y apreciado era este puerto que según contó Bermüller, “cuando Rafael Hernández en 1883 hace la mensura de esta zona, viene por el río y relata lo que es Ituzaingó, los saltos del Apipé, y habla mucho del puerto de Santa Ana".

La actividad navegatoria fue inicialmente controlada por la Receptoría de Rentas, institución que durante el siglo XIX desempeñó las funciones de autoridad marítima en aquellos puertos en los que no se había instalado la Prefectura. Hoy en día, a la vera del río se encuentra instalada una dependencia de esa fuerza.

Trabajo y abandono

La familia de Bermüller se instaló en Santa Ana, al lado del puerto, en el año 1944. Allí crearon una fábrica de cerámicas, donde Antonio Felipe ayudó y trabajó gran parte de su juventud.

“De chico caminé toda la zona, crecí viendo lo que era el movimiento del puerto. Antes no había cintas transportadoras, todo se llevaba al hombro. Los galpones eran altos y los estibadores iban subiendo solos las bolsas, era un trabajo bravísimo, había 60 o 70 estibadores. Porque el puerto de Santa Ana siempre fue proveedor de arena gruesa, el único en toda la provincia. Y cuando no había palas frontales para cargar, se hacía a mano. Unas 250 paladas de la pala ancha era un metro de arena. Había 30, 40 hombres paleando arena. Así era todo”, contó.

La tristeza del abandono llevó a Bermüller a buscar reivindicar la posición del pueblo y el puerto en la historia, y lucha por ello cada día. Por ello, reflexionó: “Nuestras aspiración es que la juventud de nuestro pueblo vuelva a soñar con un futuro mejor, pero para eso se necesita inversión, trabajo y un gobierno comunal que acompañe. No perdemos las esperanzas, algún día Santa Ana volverá a ser un pueblo pujante, el que fue en las épocas buenas y de bonanza, con un puerto activo que nos abra con trabajo nuevamente al mundo”.

Fuente: Territorio Digital

   

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